La capacidad de los elefantes asiáticos para interpretar la atención visual humana ha sido objeto de una reciente investigación publicada en Scientific Reports, liderada por Hoi-Lam Jim, Shinya Yamamoto, Pakkanut Bansiddhi y Joshua M. Plotnik.
El estudio demuestra que estos animales no solo dependen de señales olfativas y acústicas, sino que también emplean gestos visuales para interactuar con humanos, especialmente en contextos de solicitud de alimento.
Comunicación visual en una especie sensorialmente distinta
Aunque la visión no es su sentido dominante, los elefantes integran señales corporales y faciales para interpretar la atención humana.
A diferencia de los primates, cuya comunicación visual ha sido ampliamente documentada, los elefantes poseen una estructura sensorial donde el olfato y la audición predominan. Sin embargo, investigaciones previas en elefantes africanos ya habían mostrado que reconocen la atención humana a partir de la orientación del cuerpo y el rostro.
Este nuevo estudio se propuso verificar si los elefantes asiáticos comparten esta habilidad, considerando su divergencia evolutiva hace entre 5 y 7 millones de años.
Diseño experimental y hallazgos clave
El experimento se realizó en Tailandia con diez elefantas asiáticas en cautiverio, de entre 11 y 61 años, en el Anantara Golden Triangle Elephant Camp and Resort.
Cada animal participó en cuatro sesiones, donde se manipuló la orientación corporal y facial del experimentador durante una tarea de solicitud de comida.
Los resultados, obtenidos mediante un Modelo Lineal Generalizado de Efectos Mixtos, revelaron que los elefantes gesticulaban más cuando el cuerpo y la cara del humano estaban orientados hacia ellos. La orientación corporal fue más determinante que la facial, pero su efecto dependía de que el rostro también estuviera dirigido al animal. La mera presencia humana no aumentó la gesticulación.

Implicancias cognitivas y ecológicas
La orientación del cuerpo humano es clave para elefantes salvajes con visión limitada.
Estos hallazgos sugieren que los elefantes asiáticos no responden a señales visuales aisladas, sino que requieren una combinación de orientación corporal y facial para reconocer la atención humana.
Esta sensibilidad se alinea con lo observado en grandes simios, donde el cuerpo indica intención de acción y la cara señala estado atencional.
Dado que los elefantes tienen agudeza visual limitada, la superficie del cuerpo humano podría ser una señal más visible, especialmente en contextos silvestres, donde los animales no se acercan lo suficiente para distinguir el rostro.
Ética, metodología y limitaciones
El estudio respetó todas las normativas éticas en Tailandia y Japón. Cada elefante fue acompañado por su mahout, quien podía interrumpir la prueba si el animal no deseaba continuar. El análisis incluyó codificación de gestos, controles estadísticos y verificación interobservador.
Entre las limitaciones, se destacan el tamaño reducido de la muestra, la ausencia de machos, la falta de condición de cuerpo lateral y la variación individual en experiencia con humanos, lo que podría afectar la generalización a poblaciones silvestres.



