Una preocupante investigación revela que los microplásticos también se acumulan en las células de vacas y cerdos de granja

Recientemente, una preocupante investigación descubrió que los microplásticos logran penetrar las células de vacas y cerdos.

Según el análisis, realizada en Alemania e Italia, estos se acumularían en los tejidos de los animales que, más tarde, forman parte de la dieta humana.

Así, el estudio revela que estos fragmentos invisibles ya no flotan solo en el ambiente: están dentro de los animales.

Los microplásticos son partículas menores a una micra que se generan por la fragmentación de plásticos más grandes.

Su tamaño microscópico les permite atravesar barreras biológicas como membranas celulares o mucosas.

El problema es que estos contaminantes no son inocuos. Pueden transportar toxinas químicas adheridas y penetrar tejidos de forma profunda y persistente.

Alerta por microplásticos en el océano Atlántico: qué dice una nueva investigación.

Los hallazgos del preocupante estudio de microplásticos en animales

El estudio fue realizado en conjunto por el Instituto de Investigación de Biología de Animales de Granja (FBN) en Alemania y la Universidad de Udine en Italia.

Los investigadores realizaron cultivos celulares con tejido bovino y porcino.

Los resultados confirmaron que partículas de poliestireno de 100 nanómetros se incorporan al interior de las células y permanecen allí.

El estudio analizó células que regulan la fertilidad en vacas y las que forman tejido muscular en cerdos.

En ambos casos se observaron alteraciones funcionales.

En primer lugar, en células reproductivas bovinas la viabilidad celular disminuyó sin afectar aún los niveles hormonales.

Por otro lado, en células musculares porcinas la expansión celular se ralentizó, lo que podría impactar el desarrollo muscular en animales vivos.

El peligro de la exposición prolongada a microplásticos

El peligro no reside en una toxicidad inmediata, sino en la exposición continua.

Las partículas utilizadas en laboratorio eran lisas y regulares, pero en la realidad los microplásticos ambientales presentan bordes irregulares y residuos químicos adheridos.

Esta diferencia podría intensificar los efectos en los organismos vivos.

Además, no existe un método estándar para detectar microplásticos en tejidos biológicos, lo que limita la comprensión real del problema.

Un histórico fallo por el bienestar animal.

Microplásticos, de la granja al plato

De esta forma, además del impacto en los animales de granja en sí, estos ahora aparecen como nuevos vectores involuntarios de contaminación plástica.

Es que los microplásticos en animales de granja que luego son consumidos por los humanos también afectan la salud de las personas.

En un principio, la cadena comienza con plásticos agrícolas como films de acolchado, envoltorios de silo o fertilizantes encapsulados que se degradan y mezclan con el forraje.

Una vez ingeridos por los animales, estos fragmentos atraviesan el sistema digestivo y pueden llegar a la carne, leche o huevos.

Así, ya se detectaron microplásticos en productos cárnicos de vacas y ovejas.

Por ello, los microplásticos podrían estar integrados aún más profundamente de lo que creemos en los tejidos de consumo humano, según advierte la investigación.

Las dificultades para regular los microplásticos

En respuesta a esta preocupación, Francia y Alemania comenzaron a regular el uso de plásticos agrícolas.

Además, la Comisión Europea lanzó directrices para evaluar el impacto de micro y microplásticos en la cadena alimentaria.

Sin embargo, la investigación científica avanza más rápido que la legislación.

Hoy en día, las herramientas de monitoreo siguen siendo insuficientes para dimensionar la magnitud real del problema.

Se están desarrollando métodos de espectroscopía avanzada y análisis por fluorescencia para detectar estos contaminantes.

También se investigan alternativas biodegradables, aunque aún no igualan la durabilidad de los plásticos convencionales.

En este escenario, la contaminación invisible por microplásticos representa un desafío urgente para la seguridad alimentaria y la salud pública global.

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