Organizaciones civiles y profesionales del sector circense realizan protestas contra el uso de animales y denuncian un «retroceso ético» tras la polémica autorización concedida por el Ayuntamiento de Valencia para el regreso de fauna al espectáculo.
La ciudad de Valencia se ha convertido en el epicentro de un intenso debate social tras la decisión del consistorio municipal de avalar la presencia de fauna en el Circ de Nadal.
Esta resolución administrativa ha desencadenado una serie de protestas contra el uso de animales en el Circ de Nadal de Valencia, lideradas por entidades como AnimaNaturalis, Valencia Animal Save y FAADA, quienes consideran que el permiso otorgado contraviene los avances legislativos en materia de protección animal y representa un estancamiento en la modernización de los espectáculos públicos.
El conflicto escaló tras la confirmación de que el Ayuntamiento, bajo la gestión actual, facilitó los permisos necesarios para que la carpa —ubicada ahora en el entorno de la avenida Levante UD tras un cambio de localización por incompatibilidad de suelos— incluya en sus funciones a diversas especies.
Aunque la normativa nacional vigente prohíbe el empleo de animales silvestres en circos, la controversia técnica radica en la clasificación de los ejemplares utilizados.
Según los denunciantes, el espectáculo emplea dromedarios, llamas, caballos, bueyes de la raza Highland y watusis, entre otros, bajo el argumento de ser animales «domésticos» o pertenecientes a núcleos zoológicos itinerantes, una interpretación que los activistas tachan de fraude de ley.
Fricción legal y denuncias de maltrato Desde el frente animalista se argumenta que el uso de estas especies vulnera el espíritu de la Ley 7/2023 de bienestar animal.
Protesta contra el uso de animales en espectáculos
Las organizaciones subrayan que, independientemente de si han nacido en cautividad, estas especies no pierden su condición de fauna silvestre y sufren estrés crónico debido a la itinerancia y el confinamiento en espacios reducidos.
Durante las recientes movilizaciones a las puertas del recinto, portavoces de las entidades convocantes han alertado sobre el uso de instrumentos coercitivos, como látigos, y han reportado signos visibles de maltrato en algunos ejemplares.
Por su parte, el sector del circo moderno también se ha sumado a las quejas. Profesionales de las artes circenses de la Comunitat Valenciana defienden un modelo basado exclusivamente en el talento humano y la creatividad, lamentando que el regreso de los animales empañe la imagen de una industria que buscaba la vanguardia ética.
Critican, además, que un evento de estas características reciba, presuntamente, promoción o respaldo indirecto mediante subvenciones públicas, lo que consideran un agravio para las compañías que han renunciado voluntariamente a la explotación animal.
Impacto educativo y continuidad de las acciones Uno de los pilares de la movilización ciudadana es el mensaje que este tipo de exhibiciones traslada a la infancia.
Los manifestantes sostienen que normalizar la privación de libertad de seres sintientes con fines de entretenimiento es pedagógicamente perjudicial.
Rosa Más, bióloga y activista presente en las concentraciones, enfatizó la necesidad de avanzar hacia una Valencia «libre de maltrato animal«, instando a la población a boicotear estas funciones y optar por alternativas de ocio responsables.
Pese a que el Circ de Nadal ya ha iniciado sus funciones tras superar diversos retrasos administrativos y técnicos, los colectivos de defensa animal han anunciado que no cesarán en sus acciones.
Se prevén nuevas concentraciones y el inicio de una vía de diálogo con las instituciones para exigir que se denieguen futuras licencias y se cumpla estrictamente con la prohibición de fauna silvestre, cerrando así la puerta a interpretaciones que permitan su permanencia en los escenarios valencianos.



