Los rálidos de garganta blanca, que colonizaron en el pasado el atolón de Aldabra, se extinguieron cuando la isla desapareció bajo el mar hace unos 136,000 años.
A dos años de ser descubierta a orillas de un río tras un deshielo, los científicos aún siguen asombrados por la conservación de los tejidos, el pelo y el cerebro del animal.