Buscando los últimos ajolotes en su hábitat natural

El ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum), ese icónico anfibio de cuerpo gelatinoso y mirada enigmática, se encuentra en peligro crítico de extinción. Según el último censo del Instituto de Biología de la UNAM, su población en estado silvestre continúa en declive en los canales de Xochimilco, su único hábitat natural.

Hace 25 años, la situación ya era preocupante: en 1998 había 6,000 ajolotes por kilómetro cuadrado. En 2014, el censo registró apenas 36. Ahora, en 2025, los investigadores buscan respuestas con métodos innovadores, como el análisis de ADN ambiental, que permite detectar su presencia sin necesidad de verlos.

“Hasta ahora no hemos encontrado ejemplares directamente, pero las pruebas de ADN nos dan esperanza de que aún sobreviven”, explica Paola Cervantes, integrante del equipo de investigación. Acompañados por pobladores locales, los científicos recorren los canales en balsas de madera, observando el agua en busca de señales de vida. Sin embargo, la contaminación, el ruido y la invasión de especies exóticas como carpas y tilapias han alterado el delicado equilibrio del ecosistema.

Basilio Rodríguez, un pescador de la zona, recuerda cuando los ajolotes eran abundantes: “Antes el agua era cristalina y en un solo lance de red podía atrapar decenas de ellos”. Actualmente, en su red solo quedan lodo y pequeños peces.

Un esfuerzo contrarreloj

El ajolote es único en el mundo no solo por su apariencia, sino por su capacidad de regeneración. Puede reconstruir extremidades, tejidos y hasta partes de su cerebro, lo que lo convirtió en objeto de estudio en la biomedicina. Sin embargo, su hábitat degradado lo coloca en una situación crítica.

La UNAM impulsó un proyecto de conservación en las llamadas “chinampas-refugio”, espacios restaurados dentro de Xochimilco que buscan replicar las condiciones naturales ideales para su supervivencia. “Seleccionamos cuidadosamente a los ejemplares para su reintroducción, asegurándonos de que sean resistentes y genéticamente similares a la población original”, explica Horacio Mena, coordinador de la colonia de ajolotes en el Instituto de Biología.

A pesar de los esfuerzos, el futuro del ajolote sigue en riesgo. Mientras su imagen adorna billetes, peluches y panaderías, su presencia en la naturaleza se vuelve cada vez más incierta. En la actualidad, más que un símbolo cultural, es un recordatorio de la urgencia de salvar lo poco que queda de su mundo.

Características generales del ajolote

La mayoría de los ajolotes son negros o marrones moteados, aunque también existen variedades con piel blanca y branquias rosadas o rojas. Por otra parte, posee capacidades que aún son misterios por resolver, como la de regenerar sus tejidos, incluidos los del cerebro y el corazón.

Además, a cada lado de la cabeza, este animal cuenta con unas cuantas branquias externas con aspecto de plumas que le proporcionan oxígeno y su aspecto único. Pero esta particularidad no es la única que lo vuelve especial, ya que también conserva características milenarias de las salamandras, pero es más cercano a ranas y sapos.

Fuente: Wired.

¿Ya conoces nuestro canal de YouTube? ¡Suscríbete!

Compartí esta nota

Últimas noticias

Te pueden interesar
Te pueden interesar

El volcán Kilauea rompe récords de actividad y permite profundizar el conocimiento sobre los procesos geológicos

El volcán Kilauea presenta una dinámica intermitente con períodos donde expulsa grandes cantidades de lava y otros con fases de calma.

¿Qué le pasa al Perito Moreno? El alarmante registro de 1.200 fracturas que desconcierta a los científicos

El glaciar Perito Moreno ha registrado 1200 fracturas en 45 días, revelando un alarmante ritmo de pérdida de hielo.

De la ciencia ficción a la realidad: la inteligencia artificial y la posibilidad de descifrar qué dicen los animales

Descubre qué dicen los animales gracias a la inteligencia artificial y el análisis de vocalizaciones en diversas especies.

Zarigüeyas al rescate: la nueva arma de Florida contra la invasión de pitones birmanas

Florida utiliza zarigüeyas con collares de rastreo para identificar y capturar pitones birmanas en su hábitat natural.