Capturar CO₂ con viento y evaporación: una técnica simple y de bajo costo que podría cambiar la lucha climática

Investigadores de la Universidad de Toronto desarrollaron un método para capturar dióxido de carbono directamente del aire usando evaporación y acción capilar. La técnica propuesta reduce la dependencia de maquinaria pesada y altos consumos energéticos.

El sistema se apoya en principios físicos simples, presentes en la naturaleza, para acelerar reacciones químicas que atrapan el CO₂. Así, plantea una alternativa más accesible frente a las tecnologías industriales actuales.

El enfoque busca resolver uno de los mayores límites de la captura directa de carbono: el costo. Al simplificar etapas y materiales, la técnica abre una nueva vía para escalar soluciones climáticas.

Investigadores de la Universidad de Toronto diseñaron una técnica simple y de bajo costo que podría cambiar la lucha climática. Foto: Pixabay.
Investigadores de la Universidad de Toronto diseñaron una técnica simple y de bajo costo que podría cambiar la lucha climática. Foto: Pixabay.

Cómo funciona la cristalización carbonatada evaporativa

El método utiliza fibras de polipropileno parcialmente sumergidas en una solución de hidróxido de potasio. El líquido asciende por capilaridad y forma una película muy fina sobre la superficie del material.

Cuando el viento circula, el agua se evapora y la solución se concentra de manera extrema. En ese punto, el dióxido de carbono del aire reacciona rápidamente y se transforma en carbonato sólido.

El resultado son cristales blancos adheridos a las fibras, similares a caramelos de azúcar. Esta forma sólida evita pasos intermedios complejos y simplifica la recuperación del carbono capturado.

Menos infraestructura, menos energía, más eficiencia

A diferencia de los sistemas tradicionales, esta técnica no requiere grandes ventiladores ni torres de absorción. El viento natural cumple la función de mover el aire, reduciendo consumo eléctrico y costos operativos.

La captura directa en forma sólida elimina procesos químicos adicionales. Basta con lavar las fibras para recolectar el carbonato y regenerar el reactivo para un nuevo ciclo.

Los análisis económicos indican que el costo de inversión podría reducirse hasta un 40%. Esta disminución es clave para que la captura de CO₂ deje de ser una tecnología limitada a grandes presupuestos.

Desafíos técnicos y próximos pasos

El rendimiento del sistema depende en gran medida de la evaporación, por lo que la humedad ambiental es un factor crítico. En climas muy húmedos, la eficiencia puede disminuir.

Otro reto es evaluar su comportamiento a largo plazo y en condiciones reales. La durabilidad de los materiales y la estabilidad del proceso aún deben probarse fuera del laboratorio.

Para ello, el equipo avanza en el desarrollo de una planta piloto. Esa etapa permitirá medir su viabilidad industrial y su potencial de escalamiento en distintos entornos.

Investigadores de la Universidad de Toronto diseñaron una técnica simple y de bajo costo que podría cambiar la lucha climática. Foto: Pixabay.
Investigadores de la Universidad de Toronto diseñaron una técnica simple y de bajo costo que podría cambiar la lucha climática. Foto: Pixabay.

Beneficios ambientales de una captura de carbono más simple

Reducir la complejidad tecnológica implica menor huella ambiental en la construcción y operación de los sistemas. Menos acero, menos energía y menos residuos asociados a la infraestructura.

Al funcionar con procesos pasivos, la tecnología puede integrarse mejor con energías renovables. Esto favorece esquemas de captura distribuida, cercanos a las fuentes de emisión o en zonas remotas.

Además, una solución más barata y modular amplía el acceso global a la captura de carbono. Esto resulta clave para apoyar estrategias de neutralidad climática en países con menos recursos.

Un paso hacia tecnologías climáticas más accesibles

La cristalización carbonatada evaporativa no pretende ser una solución única. Su valor está en complementar otras herramientas de mitigación con un enfoque más simple y natural.

Al imitar procesos cotidianos como la evaporación, demuestra que la innovación climática no siempre requiere alta complejidad. A veces, observar la naturaleza ofrece respuestas eficientes.

Si logra consolidarse, esta iniciativa podría acercar la captura de CO₂ a una escala compatible con los desafíos ambientales actuales y futuros.

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