El océano Antártico es responsable de absorber el 40% del dióxido de carbono generado por actividades humanas.
Ahora, un nuevo estudio explica el mecanismo que lo convierte en el mayor sumidero de carbono del planeta.
La investigación, publicada en Nature Climate Change, revela cómo los cambios en la salinidad y temperatura de sus aguas son cruciales para retener las emisiones de CO₂.
Por qué el océano Antártico es el mayor sumidero de carbono del mundo
Los océanos del mundo absorben aproximadamente una cuarta parte del dióxido de carbono producido por la humanidad cada año.
En particular, el océano Antártico captura el 40% de esa cantidad.
Esto lo convierte en la región oceánica más importante para mitigar el calentamiento global.
Ahora, los investigadores Léa Olivier y F. Alexander Haumann del Alfred Wegener Institute analizaron datos desde 1972 hasta 2021 para entender este fenómeno.
Utilizaron información del Global Ocean Data Analysis Project (GLODAP) recopilada en siete áreas del océano polar sur durante décadas de expediciones marinas.
El estudio busca comprender qué hace tan especial a esta región para la absorción de carbono y si esta capacidad se mantiene estable.

El mecanismo del océano Antártico que retiene el CO₂ en las profundidades
La clave está en la estructura de capas del océano Antártico, que funciona como un sistema de retención de emisiones de carbono.
La capa superficial, conocida como Winter Water (WW), es fría y tiene baja salinidad. Esta capa actúa como una tapa protectora.
Debajo se encuentran las aguas profundas llamadas Circumpolar Deep Water (uCDW).
Estas son más cálidas, más saladas y contienen enormes cantidades de CO₂ acumulado.
La diferencia entre estas dos masas de agua crea lo que se llama estratificación de densidad, una separación física entre capas.
Esta estratificación es crucial porque impide que el CO₂ almacenado en las profundidades ascienda hacia la superficie y escape a la atmósfera.
«Pudimos determinar que, desde la década de 1990, las dos masas de agua se han vuelto más distintas entre sí», explicó la oceanógrafa Léa Olivier.
Así, el estudio identificó transformaciones importantes que fortalecieron la capacidad del océano Antártico como sumidero de carbono.
En particular, la capa superficial se volvió más dulce, con una disminución de hasta 0,3 unidades en salinidad desde los años noventa.
Este fenómeno, llamado «freshening» o dulcificación, ocurre principalmente por el agua de deshielo de glaciares antárticos y el aumento de precipitaciones.

Al mismo tiempo, las aguas profundas ascendieron cerca de 40 metros más arriba que en décadas anteriores, ubicándose ahora más cerca de la superficie.
La temperatura de estas aguas profundas aumentó 0,2°C y sus valores de salinidad también se incrementaron, haciéndolas aún más diferentes de la capa superior.
Esta mayor diferencia entre capas fortaleció la estratificación y mejoró la capacidad de retención de CO₂ en el océano.
Océano Antártico: qué pasaría sin esta barrera natural
El proceso que evita la estratificación es el afloramiento.
Es decir, que las aguas profundas -ricas en dióxido de carbono– asciendan hacia la superficie.
En las últimas décadas, el nivel de fCO₂ entre 100 y 200 metros de profundidad aumentó en promedio 10 microatmosferas, según el análisis de datos hidrogeográficos.
Así, ahora esta concentración de CO₂ en el subsuelo oceánico supera la cantidad presente en la atmósfera.
Esto representa un riesgo potencial: si estas aguas profundas llegaran a la superficie sin la barrera, el CO₂ se liberaría al aire en lugar de quedar retenido en el océano.
Sin embargo, la investigación advierte que este mecanismo protector no es permanente y enfrenta amenazas que podrían debilitarlo.
Olivier señaló que «esta agua superficial más dulce ha compensado temporalmente el debilitamiento del sumidero de carbono en el océano Antártico».
Pero añadió una advertencia crucial: «Esta situación podría revertirse si la estratificación se debilitara», lo que eliminaría la barrera natural.

El riesgo de los vientos del oeste y la necesidad de vigilar el fenómeno
La intensificación de los vientos del oeste, por ejemplo, es el principal riesgo identificado por los científicos en el estudio.
Estos vientos podrían romper la estratificación y aumentar la mezcla entre las masas de agua superficiales y profundas.
Si esto ocurre, el CO₂ atrapado durante siglos en las profundidades llegaría a la superficie y se liberaría a la atmósfera.
El coautor F. Alexander Haumann sostuvo: «Requerimos más datos, en particular del invierno, donde las masas de agua pueden mezclarse con mayor facilidad».
Por ello, los autores subrayan que entender este mecanismo es crucial, pero también lo es vigilar su evolución en el tiempo.
Las observaciones regulares, especialmente en los meses invernales, permitirán detectar si la ventilación de CO₂ desde las profundidades ya comenzó.
Así, ll futuro del sumidero de carbono del océano Antártico dependerá de la evolución de múltiples factores interconectados.
Entre ellos: la estratificación inducida por el aporte de agua dulce, la intensidad de los vientos y la dinámica oceánica regional.



