Un equipo de investigadoras de la Universidad Nacional de Córdoba desarrolló un dispositivo del tamaño de un chip que permite medir la presencia de arsénico en aguas subterráneas con una simple gota. El invento, que ya ganó un premio en la competencia N16 Innova, representa un avance clave para comunidades rurales y zonas sin acceso a agua potable.
Un pequeño sensor, similar a un chip de celular pero un poco más grande, puede cambiar la forma en que se detecta el arsénico en el agua. El dispositivo, creado por investigadoras del Instituto de Investigación en Fisicoquímica de Córdoba (INFIQC), dependiente de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC y el CONICET, permite conocer en solo tres minutos si una muestra de agua subterránea contiene niveles peligrosos de este contaminante.
El desarrollo fue presentado en el programa «Viva la Radio» por el Dr. Santiago Palma, secretario de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC, junto a las doctoras Marcela Rodríguez y María Dolores Rubianes, quienes lideran el proyecto junto a la tesista Diana Reartes.
Cómo funciona el dispositivo que detecta el arsénico
El sensor, de fabricación nacional, fue modificado por el equipo de investigación para reconocer específicamente el arsénico. «Con una gota mínima de 50 microlitros colocada sobre este chip, se puede conocer de manera selectiva el contenido de arsénico en el agua«, explicó María Dolores Rubianes.
La modificación realizada al sensor constituye el secreto industrial de la patente que las investigadoras están tramitando. El dispositivo es capaz de analizar muestras complejas sin que otros componentes del agua interfieran en la detección.
Un peligro invisible que amenaza la salud
El consumo crónico de arsénico por encima de los niveles permitidos por la Organización Mundial de la Salud genera graves consecuencias para la salud. Produce cáncer, trastornos cardiológicos, renales y, en el caso de embarazadas, enfermedades neurológicas en los niños, advirtió Marcela Rodríguez. «Es un peligro invisible latente del cual hay que prestar atención».
Las aguas subterráneas son las principales portadoras de este contaminante, a diferencia de las aguas superficiales. El equipo validó el sensor en dos localidades de Córdoba: General Levalle y Recreo, donde los resultados coincidieron con los análisis oficiales.
De la universidad al territorio: aplicaciones concretas
El sensor portátil representa una ventaja significativa frente a los métodos tradicionales de detección. Los métodos convencionales requieren mayor volumen de agua, trasladar las muestras en condiciones adecuadas al laboratorio, equipos costosos y personal entrenado, señaló Rodríguez. Este dispositivo permite realizar mediciones económicas en el lugar mismo donde se sospecha la contaminación.
Las aplicaciones son múltiples: desde desarrollos inmobiliarios en zonas sin red de agua potable hasta comunidades rurales que dependen de napas subterráneas para consumo humano, animal y riego. El arsénico se acumula en los músculos del ganado que bebe agua contaminada, pasando luego a la cadena alimentaria humana.
El camino hacia la comercialización
El proyecto recibió un premio en la competencia N16 Innova de la UNC y ahora enfrenta dos desafíos. Por un lado, la posibilidad de convertirlo en un kit comercial de la mano de alguna empresa inversora, explicó Santiago Palma. «En el corto plazo, ofrecer el servicio desde la unidad de transferencia de la universidad para municipios, parajes rurales o desarrollistas urbanos«.
La primera etapa, una vez obtenida la patente y el financiamiento, apunta a organizaciones gubernamentales y municipios. En una segunda fase, no se descarta su comercialización para uso doméstico.
Ciencia pública al servicio de la comunidad
Las investigadoras, egresadas de la Universidad Nacional de Córdoba, representan el talento formado en la educación pública. Este desarrollo fue hecho en el marco de la Tesis de Diana Reartes, que lleva muchos años de trabajo, destacó Rubianes.
El sensor portátil no solo detecta contaminación, sino que permite tomar decisiones inmediatas: no consumir el agua, evitar riesgos para los animales o restringir usos recreativos. En un país donde vastas regiones dependen de aguas subterráneas, este invento se convierte en una herramienta democrática para proteger la salud de las comunidades más vulnerables.



