¿Cómo era la Tierra hace 4 000 millones de años?

Imaginémonos de pie sobre el barro que ha quedado al bajar la marea. Hemos tenido suerte, pues la mayor parte de la superficie terrestre es un océano de aguas hirvientes sin continentes. Altos conos volcánicos, repartidos por todo el globo, que arrojan gran cantidad de gases a una atmósfera densa e irrespirable, son visibles en la distancia a través de una nube de cenizas y vapores proveniente de la lava incandescente que cae a un mar poco profundo; incluso podemos ver nubes de tormenta en torno a los picos.

Algo sorprendente, pues el cielo se encuentra casi por completo libre de nubes. El brillante Sol inunda la Tierra con su luz y sus letales rayos ultravioletas. Por las noches, los meteoritos cruzan, resplandecientes, los cielos, y de vez en cuando alguno cae estrellándose contra el agua y provocando inmensos tsunamis de varios kilómetros de altura.

Más cerca, los acantilados son azotados incesantemente por el batir las olas arrastradas por los fuertes vientos. Tierra adentro, la escena la dominan montículos de lava negra cuya superficie está cubierta de escombros.

Estamos rodeados de una extensión plana de fango gris que centellea cuando la intermitente luz se refleja en los cristales de yeso. Por todos lados hay charcas, poco profundas y muy salinas.

Quizá en esas charcas surgieron las primeras formas de vida. O quizá fue en ciertos lugares del fondo de los océanos, donde la lava del interior se escapaba por una grieta en la fina corteza oceánica. Allí abajo el agua de mar, incapaz de hervir debido a la enorme presión a la que estaba sometida por la columna de agua que tiene encima, penetraba por las fisuras en la corteza.

En alguno de esos dos lugares, o en ambos, se produjo un pequeño milagro. Gracias a un juego químico cuyas reglas todavía no hemos logrado desentrañar, los átomos se agruparon formando unas estructuras que tras miles de millones de años evolucionaron hasta convertirse en criaturas como los seres humanos.

Resulta emocionante pensar que dejando jugar a las leyes naturales y con un poco de suerte en estos momentos podamos preguntarnos sobre nuestros orígenes.

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