En ocasiones, la superficie de la Tierra esconde verdaderos tesoros paleontológicos. Este es el caso del estado de Nueva York, donde se descubrieron tocones fosilizados que revelan la existencia de un antiguo bosque prehistórico. Estos vestigios de árboles han fascinado a los científicos durante más de un siglo.
El nombre Wattieza ahora se asocia con este hallazgo, siendo identificado como uno de los árboles más antiguos que transformaron radicalmente el paisaje terrestre hace unos 385 millones de años. Este árbol no solo es significativo por su antigüedad, sino por su impacto en los ecosistemas de su tiempo, influyendo en la composición de suelos y ríos y cambiando la dinámica del CO2.
Desde el siglo XIX, los remanentes de Gilboa han sido un enigma, desenterrados inicialmente en 1870 durante la explotación de una cantera. Sin embargo, la revelación completa del árbol solo fue posible gracias a fósiles más completos que permitieron a los científicos reconstruir su estructura física, como se documenta en una publicación de Nature.
El árbol más antiguo
Este descubrimiento histórico no se limitó a un simple tronco. Un análisis detallado reveló un tronco esbelto de más de 6 metros con una base expandida, similar a los Eospermatopteris, y ramas que se originaban cerca de su parte superior. En altura, esta vegetación extinta, perteneciente a la familia de los Pseudosporochnales, se asemejaba a un edificio de tres plantas.
Una de las características más peculiares de Wattieza era su copa: en lugar de hojas planas, poseía frondas con ramillas que recordaban a un cepillo, una característica que lo diferenciaba notablemente de los árboles modernos. Este diseño único creaba un ambiente distinto al de los bosques actuales.
El paleobiólogo William Stein describió gráficamente a Reuters que, en vez de hojas, Wattieza tenía «ramas en forma de frondas», generando un paisaje prehistórico distinto al que conocemos hoy en día. Este bosque de Gilboa, a pesar de su diferencia, jugaba un rol crucial en la creación de nuevos hábitats.
Con el paso del tiempo, el suelo del bosque quedó expuesto, permitiendo a los investigadores mapear una extensión de 1,300 metros cuadrados de este ecosistema antiguo. Este hallazgo sugirió la existencia de un ambiente mucho más complejo de lo inicialmente pensado.
Otra singularidad de Wattieza se encontraba bajo tierra. A diferencia de los sistemas radiculares extensos de los árboles modernos, el árbol de Gilboa tenía un sistema de raíces limitado que no se expandía con el tiempo, comparado a su contemporáneo más «moderno», Archaeopteris, del Devónico tardío.
El estudio de Nature Communications del 20 de diciembre de 2022 resalta que, antes de que los bosques dominaran los continentes, los niveles de CO2 atmosféricos eran de entre 525 y 715 ppm. A pesar de su antigüedad, estos primeros bosques no tuvieron un impacto tan dramático en la reducción del CO2 como se pensaba originalmente.
En resumen, la historia de Wattieza nos ofrece una visión fascinante de cómo las plantas arborescentes antiguas influyeron en la Tierra. Aunque estos árboles no eran perfectos, marcaron el camino hacia los ecosistemas más complejos que conocemos hoy. El estudio más reciente sobre el impacto ecológico de estos bosques fue publicado en Nature Communications.



