En el siglo XIX, el arqueólogo Jacques de Morgan llevó a cabo excavaciones en el complejo de pirámides de Dashur, ubicado al sur de El Cairo, donde se descubrieron los restos del rey Hor y cinco princesas: Ita, Khenmet, Itaweret, Noub-Hotep y Sathathormeryt. Los sarcófagos de estas mujeres, cuatro de ellas hermanas, estaban ricamente decorados y contenían armas como flechas y dagas. Estos hallazgos estuvieron almacenados en el Museo Egipcio hasta estudios recientes que han revelado nuevos datos sobre su uso.
Princesas egipcias y el uso de armas en la antigüedad
Durante mucho tiempo, los investigadores han debatido el propósito de las armas encontradas en las tumbas de ciertas princesas del antiguo Egipto. Los egiptólogos discutían si eran objetos ceremoniales, ofrendas simbólicas o utensilios prácticos. Sin embargo, un estudio reciente, publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, ha indicado que estas mujeres no solo eran capaces de fabricar armas, sino también de utilizarlas con regularidad.
El análisis fue realizado por un equipo encabezado por Zeinab Hashesh de la Universidad de Beni-Suef, Ahmed Gabr del Ministerio de Turismo y Antigüedades de El Cairo, y Roxie Walker del Instituto de Bioarqueología de Londres. Estos expertos han aplicado tecnologías avanzadas para revelar que las mujeres de la realeza egipcia participaban en actividades físicas exigentes como el tiro con arco y la caza.
Según Hashesh, el desarrollo muscular en los esqueletos de las princesas indica que el uso frecuente de armas como arcos y dagas formaba parte de sus vidas diarias. Este hallazgo se ve reflejado en la presencia de tales armas en sus tumbas, que eran más que simples regalos simbólicos.
El faraón Hor, perteneciente a la Dinastía XIII, gobernó en torno al 1777 a.C., en una época de inestabilidad. Las princesas Ita, Khenmet, Itaweret y Sathathormeryt eran hijas del faraón Amenemhat II, de la Dinastía XII. Aunque Noub-Hotep fue encontrada junto a Hor, no se ha confirmado si era su hija o su esposa.
El estudio de los restos momificados reveló que la princesa Ita era una mujer joven, con un rango de edad de 28 a 34 años, que mostraba una musculatura robusta, sugiriendo el uso de armas pesadas. En contraste, la princesa Khenmet, de entre 30 y 40 años, presentaba signos de desgaste óseo, pero sus ligamentos eran notablemente fuertes.
Además, la princesa Itaweret, que vivió entre los 20 y 34 años, había sobrevivido a fracturas significativas, indicando su habilidad como arquera. Las evidencias óseas también sugieren que tanto Noub-Hotep como el rey Hor practicaban el tiro con arco.
Este análisis también reveló que las princesas y el faraón compartían prácticas médicas avanzadas para la época, como muestra la curación de fracturas sin deformidades. El embalsamamiento seguía un protocolo estándar para la élite, identificado por la mezcla de incienso y resina.
Los hallazgos arqueológicos indican que estas mujeres reales no solo tenían privilegios sociales, sino también responsabilidades físicas comparables a las de los faraones. Su posición en el cementerio de Dashur no solo destaca sus roles rituales, sino también su participación activa en la protección y regeneración del faraón.



