En los arroyos fríos de alta montaña, alimentados por el deshielo cordillerano, habita la ranita del Pehuenche (Alsodes pehuenche), conocida popularmente como “rana de corpiño”. Su distribución es extremadamente limitada: solo se encuentra en el Paso Pehuenche, entre Mendoza y Chile, en humedales que dependen directamente del agua de deshielo.
La reciente sanción de la Ley 9704 (8 de abril de 2026) la declaró Monumento Natural Provincial, reconociendo su estado crítico de conservación y la necesidad urgente de protegerla.
Características y comportamiento
- Tamaño: adultos entre 45 y 75 mm; las hembras suelen ser más grandes.
- Nombre común: se debe a los machos, que durante la reproducción utilizan parches espinosos en el pecho y extremidades para sujetar a la hembra.
- Aspecto: robusto, con tonos pardos y grisáceos, manchas oscuras y gran capacidad de camuflaje en fondos rocosos.
- Desarrollo larval: sus renacuajos tardan hasta cuatro años en completar su metamorfosis, una adaptación extrema a ambientes de montaña.
- Función ecológica: consume insectos, actuando como control natural de plagas.
Importancia ecológica
La ranita del Pehuenche es considerada un bioindicador ambiental: su presencia refleja buena calidad de agua y equilibrio ecosistémico. Además, su plasticidad fenotípica —capacidad de expresar distintos morfotipos según condiciones ambientales— le otorga un valor científico destacado.

Amenazas principales
El jefe de Fauna de la Subsecretaría de Ambiente, Adrián Gorrindo, la definió como “una joya biológica de los Andes” pero también “uno de los anfibios más amenazados de Argentina y Chile”. Entre los riesgos más graves:
- Cambio climático: reducción de nieve y alteraciones en el microclima.
- Obras viales: pavimentación de la Ruta Nacional 145 y modificaciones en cursos de agua.
- Especies exóticas: la introducción de truchas para pesca deportiva, que depredan renacuajos y adultos y compiten por alimento.
Conservación y desafíos
La ranita del Pehuenche no representa ningún riesgo para los humanos; al contrario, es un símbolo de la salud ambiental de los Andes. Su conservación exige:
- Proteger los humedales de alta montaña.
- Coordinar acciones entre Estado, ciencia y comunidades locales.
- Controlar especies invasoras y mitigar impactos de infraestructura.
La declaración como Monumento Natural Provincial implica que la especie recibe la máxima categoría de protección en Mendoza, lo que obliga a implementar planes de monitoreo, educación ambiental y medidas de restauración de hábitats. Además, abre la puerta a proyectos de cooperación binacional con Chile, dado que la distribución de la rana es compartida en ambos lados de la cordillera.
La “rana de corpiño” es más que un anfibio singular: es un indicador de la fragilidad de los ecosistemas cordilleranos y un recordatorio de la urgencia de conservar ambientes de deshielo. Su supervivencia depende de decisiones colectivas que integren conocimiento científico, políticas públicas y compromiso social. Protegerla significa también preservar el agua, la biodiversidad y el equilibrio ecológico de los Andes.



