Se cierra el gran agujero de la capa de ozono ubicado en la Antártida

Mientras el mundo se confinaba por la proliferación de la enfermedad COVID-19, la NASA tenía la mirada fijada en el Polo Sur, ya que detectaban un enorme agujero en la capa de ozono. A priori, puede parecer un hecho inusual, como todos los acontecimientos que han surgido a raíz de la pandemia, pero tiene una explicación.

Se trata de un fenómeno que surge en el invierno antártico, en mayor o menor medida. Las bajas temperaturas hacen que se acumulen nubes a gran altura, lo que, combinado con las sustancias de cloro y bromo que provienen de la contaminación, provoca que la capa de ozono se destruya de forma temporal. La capa se recupera una vez que las temperaturas ascienden.

Un fenómeno fuera de lo común

Según informó la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este fenómeno no suele alcanzar unas temperaturas tan bajas como se han registrado recientemente. Se puede considerar que este año el Polo Sur ha vivido uno de los inviernos más fríos que se conocen.

Pasado un mes de su hallazgo, con la llegada de aire rico en ozono a la atmosfera, se produjo el cierre del agujero de la capa de ozono.

¿Qué conclusión sacamos al respecto? Muchas personas al conocer este hecho pensaron que sería por la reducción de la contaminación debido a las restricciones producidas por la crisis del coronavirus.

Este hecho no tiene nada que ver con la reducción de sustancias contaminantes. Sí es cierto que, debido a la situación actual, la destrucción de la capa de ozono se ha disminuido.

Esencial para la vida

La capa de ozono es necesaria para protegernos de las radiaciones ultravioleta del sol y para preservar nuestro planeta.

En parte lo estamos consiguiendo gracias a los acuerdos como el Protocolo de Montreal, firmado en 1987. Gracias a él se consiguió el objetivo de reducir las emisiones de sustancias como clorofluorocarburos (CFC).

Es cierto que los CFC siguen estando en nuestra atmósfera durante décadas y sus niveles son tan altos que pueden causar la destrucción avanzada de nuestra capa. También es cierto que, sin la existencia del Protocolo de Montreal, las consecuencias habrían sido desastrosas.

El secretario general de la OMM, Petteri Taalas, explica que «la pérdida de ozono de 2020 muestra que debemos permanecer vigilantes y mantener observaciones continuas».

Ahora bien, ¿notaremos algún efecto sobre este gran agujero? En 2011 se produjo un hecho similar en el Polo Norte y, en consecuencia, subieron los niveles de radiación ultravioleta en Canadá, y Norte de Europa.

A pesar de este descontrol, se espera que los niveles de ozono se equilibren en 2035 y en la región sur se espera que suceda lo mismo en 2060. Estos acontecimientos demuestran que nuestro planeta necesita un cambio para evitar graves consecuencias, y una forma de ayudar es reducir los índices de contaminación para evitar catástrofes en el futuro.

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