Una investigación internacional reveló que varias especies de loros amazónicos fueron transportadas vivas a través de la cordillera de los Andes siglos antes del surgimiento del Imperio inca.
El estudio contó con la participación de científicos de la Universidad de Zaragoza y de la Australian National University, quienes analizaron restos arqueológicos hallados en el antiguo santuario de Pachacámac.
Los resultados, publicados en Nature Communications, evidencian la existencia de complejas redes de intercambio que conectaban la selva amazónica con regiones áridas de la costa del Pacífico.
Además, el trabajo demuestra que sociedades preincaicas ya mantenían rutas comerciales organizadas que atravesaban ambientes muy diferentes entre sí. En consecuencia, los investigadores consideran que estas redes reflejan un profundo conocimiento ecológico de los paisajes sudamericanos.

ADN antiguo reconstruye rutas comerciales preincaicas
El equipo científico analizó plumas encontradas en enterramientos vinculados a la cultura Ychsma, que habitó la costa peruana entre los años 1000 y 1470 d.C. Para reconstruir el origen de las aves se combinaron análisis de ADN antiguo, estudios isotópicos y modelos geográficos del paisaje.
Este enfoque permitió identificar con precisión las especies y evaluar su diversidad genética. Los resultados revelaron que las plumas pertenecían a cuatro especies amazónicas: el guacamayo rojo, el guacamayo rojo y verde, el guacamayo azul y amarillo y la amazona harinosa.
Asimismo, los análisis detectaron una pluma perteneciente a la gaviota de Sabine, una especie marina típica de la costa del Pacífico. La diversidad genética encontrada indica que las aves provenían de poblaciones silvestres y no de cría en cautiverio.
Evidencias de transporte de loros vivos a través de los Andes
Los estudios del hábitat histórico revelaron que el lado occidental de los Andes era un ambiente poco adecuado para estas especies tropicales. Los loros amazónicos suelen habitar selvas húmedas y su área natural de desplazamiento rara vez supera los 150 kilómetros.
Sin embargo, los restos encontrados en Pachacámac se localizan a más de 500 kilómetros de las regiones donde estas aves viven naturalmente. Este dato confirma que su presencia en la costa fue resultado de la intervención humana.
Los análisis isotópicos también mostraron que las aves consumieron alimentos propios de la costa, como cultivos de maíz fertilizados con guano marino. Esto indica que los animales permanecieron vivos durante un tiempo considerable después de ser trasladados desde la selva.

Las características ecológicas de los guacamayos amazónicos
Los guacamayos amazónicos pertenecen al grupo de los loros tropicales más grandes y coloridos del planeta. Estas aves destacan por su plumaje brillante, que incluye tonos rojos, azules, verdes y amarillos que cumplen funciones de comunicación y reconocimiento entre individuos.
Habitan principalmente en selvas húmedas de América del Sur, donde cumplen un papel ecológico fundamental como dispersores de semillas. Además, presentan una gran inteligencia y fuertes vínculos sociales dentro de sus grupos.
Su reproducción es lenta y depende de cavidades en árboles grandes, lo que hace que su supervivencia esté estrechamente ligada a la conservación de los bosques tropicales.
Debido a estas características, muchas especies de guacamayos enfrentan amenazas asociadas a la pérdida de hábitat y al tráfico ilegal de fauna.
Redes comerciales y conocimiento ecológico en los Andes antiguos
Transportar guacamayos vivos implicaba enormes desafíos logísticos. Las aves debían atravesar regiones de clima frío en los Andes y descender luego hacia desiertos extremadamente secos.
Para lograrlo, los comerciantes probablemente utilizaron rutas terrestres y fluviales cuidadosamente seleccionadas. Estos corredores geográficos habrían permitido transportar animales durante semanas o meses sin que murieran en el trayecto.
El hallazgo sugiere que culturas preincaicas como la Ychsma y la Chimú ya manejaban complejos sistemas de intercambio regional. Asimismo, revela que el conocimiento ambiental y la organización económica de estas sociedades era mucho más avanzado de lo que se pensaba.
De esta manera, el estudio no solo reconstruye antiguas rutas comerciales, sino que también resalta la histórica relación entre biodiversidad, cultura y paisaje en América del Sur.



