En el Delta bonaerense, especialmente en San Fernando, comenzó a consolidarse una tendencia habitacional inspirada en ciudades europeas como Ámsterdam. Se trata de casas flotantes diseñadas para instalarse en bahías, clubes náuticos y espejos de agua, integrando arquitectura modular con contacto directo con la naturaleza.
Aunque la normativa argentina habilitó formalmente este tipo de construcciones en 2018, el proyecto Casas del Agua había comenzado mucho antes. Su impulsor, Fabián de Martino, tomó la idea tras observar cómo distintas ciudades europeas respondían a la falta de suelo urbano mediante viviendas sobre el agua.
Con el paso de los años, la propuesta dejó de ser una rareza para transformarse en una alternativa inmobiliaria y turística en crecimiento. Además, el interés se expandió rápidamente entre inversores vinculados al alquiler temporario y las experiencias de descanso asociadas al paisaje natural del Delta.

San Fernando impulsa una nueva relación entre vivienda y ambiente
Actualmente existen alrededor de 39 casas flotantes distribuidas en la zona de San Fernando. Una parte importante se destina a alquileres turísticos, mientras que otras funcionan como residencias permanentes o espacios de escapada de fin de semana.
Las viviendas se fabrican en el astillero Hard Craft y poseen estructuras preparadas para resistir las condiciones climáticas y las variaciones del nivel del agua. Gracias a sistemas de pontones y materiales especiales, las construcciones acompañan naturalmente las crecidas sin riesgo de inundación.
Además, las unidades cuentan con aprobación de la Prefectura Naval Argentina como construcciones flotantes no motorizadas. Esto permite trasladarlas entre distintos espejos de agua mediante remolques habilitados, sin generar intervenciones permanentes sobre el suelo costero.
El modelo más pequeño posee 73 metros cuadrados y se comercializa completamente equipado. Por otra parte, las versiones dúplex alcanzan mayores dimensiones y están orientadas tanto al uso residencial como al turismo premium.
Turismo slow y vida sustentable en el Delta
El crecimiento de estas viviendas también se vincula con nuevas formas de turismo más asociadas al descanso, el silencio y el contacto ambiental. En distintos sectores del Delta, varias casas flotantes comenzaron a ofrecer alojamiento con propuestas centradas en la experiencia natural.
Algunas unidades se ubican en la isla del Club San Fernando, donde el acceso se realiza mediante lancha. Otras están instaladas en el Yacht Club Buenos Aires y cuentan incluso con pequeños botes a remo para la movilidad interna.
Además, ciertos complejos incorporan servicios como jacuzzis, piscinas privadas y terrazas panorámicas. Sin embargo, el principal atractivo continúa siendo la posibilidad de convivir con el movimiento del río y los ecosistemas ribereños.
El proyecto más ambicioso prevé la construcción de unas 100 viviendas flotantes en el Canal del Este, dentro de la primera sección del Delta. Según sus desarrolladores, la iniciativa apunta a crear el complejo flotante más grande de América Latina.

Los beneficios ambientales de las viviendas flotantes
Especialistas en urbanismo sustentable señalan que este tipo de construcciones puede aportar soluciones frente al crecimiento urbano y la presión sobre los ecosistemas terrestres. Al no requerir desmontes ni movimientos intensivos de suelo, reducen parte del impacto ambiental asociado a urbanizaciones tradicionales.
Además, las viviendas flotantes favorecen modelos de construcción modular, con menor consumo de materiales y tiempos de obra más cortos. En muchos casos también incorporan sistemas eficientes de aislación térmica y tecnologías de bajo consumo energético.
Por otra parte, este tipo de proyectos promueve una relación más cercana con los ambientes acuáticos, impulsando actividades recreativas menos invasivas y una mayor valoración de los humedales del Delta, fundamentales para la regulación hídrica y la biodiversidad de la región.
Sin embargo, especialistas advierten que el crecimiento de estos desarrollos debe realizarse con controles ambientales estrictos para evitar contaminación, alteración de cursos de agua y presión sobre áreas sensibles del ecosistema ribereño.



