En un contexto marcado por la crisis climática global, un creciente número de productores agropecuarios argentinos está impulsando un cambio profundo en los modelos productivos, promoviendo practicas sustentables que buscan minimizar el impacto ambiental y reducir la huella de carbono del sector.
Argentina es el tercer exportador mundial de alimentos, y su sector agrícola representa el 15,7 % del PBI y el 10,6 % de los ingresos tributarios, según el Grupo Banco Mundial.
Sin embargo, también es responsable del 37 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), según el tercer informe bienal del Ministerio de Ambiente.
- Ganadería: 21,6 % de las emisiones
- Agricultura: 6,2 %
- Uso del suelo (desmontes): 9,4 %
Buenos Aires: epicentro productivo y foco de impactos ambientales
Más de 33 millones de hectáreas dedicadas al agro enfrentan desafíos de erosión, pérdida de biodiversidad y deforestación.
La provincia de Buenos Aires concentra gran parte de la actividad agropecuaria nacional, pero también evidencia las consecuencias de prácticas intensivas: monocultivos, uso excesivo de agroquímicos, agotamiento de suelos y fragmentación de ecosistemas.
Frente a esto, se promueven prácticas regenerativas que buscan restaurar la fertilidad del suelo y capturar carbono atmosférico.
Practicas sustentables: del biogás al manejo eficiente de pasturas
El agro explora múltiples estrategias para reducir su huella ambiental
Entre las prácticas más destacadas se encuentran:
- Agricultura regenerativa: rotación de cultivos, cobertura vegetal, biofertilizantes
- Ganadería carbono neutral: reducción de metano y manejo de pasturas
- Energías renovables: biogás, paneles solares, biodiesel
- Certificaciones ambientales: Cool Control, Soil Capital, IPUMA, CACTA
- Medición de huella de carbono: uso de calculadoras certificadas para identificar fuentes de emisión

Agricultura familiar: vulnerabilidad y potencial
Tres de cada cuatro productores son familiares, pero muchos no cuentan con recursos suficientes para sostener su actividad.
Según el Banco Mundial, 172.000 de los 251.000 productores familiares en Argentina no tienen acceso pleno a tierra o capital, lo que los vuelve menos resilientes ante el cambio climático y limita su acceso a tecnologías de gestión ambiental.
La Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) promueve la agricultura siempre verde, una estrategia que busca mantener cobertura vegetal permanente, mejorar la salud del suelo y aumentar la captura de carbono, integrando conocimiento científico y gestión colaborativa.
El rol del Estado: normativas, evaluación ambiental y educación
La Ley General del Ambiente establece reglas claras para evitar impactos negativos del agro.
La Ley N.º 25.675 exige que toda obra o actividad susceptible de degradar el ambiente pase por una Evaluación de Impacto Ambiental, con declaraciones juradas y descripciones detalladas del proyecto.
Además, promueve la Educación Ambiental como herramienta clave para transformar valores y actitudes hacia el uso responsable de los recursos naturales.



