La Gran Muralla Verde: El proyecto ecológico que atravesará África

No hay fecha de entrega, pero sí planes de acción que definen objetivos a cinco años, en cada uno de los países que participan en la iniciativa. La experta en biología vegetal Deborah Goffner la llama ‘un patchwork de proyectos de desarrollo’ que, con tiempo y esfuerzo, empezó a redibujar el paisaje y la vida de decenas de comunidades en el cinturón del Sahel, la zona de transición entre el desierto de Sahara y la sabana del centro de África.

 
Goffner vive parte del año en Suecia, donde es científica visitante en el Stockholm Resilience Centre (un centro de investigación de los sistemas socio-ecológicos), y otros cinco meses en Senegal.
 
En el país del oeste africano, Dakar es su principal residencia, aunque su trabajo de estudio y monitoreo para el OHM.I Tessékéré (un observatorio de la relación entre el hombre y el entorno) la lleva a recorrer largas distancias: sólo en ese país, la muralla se extiende sobre 535 kilómetros y una superficie de 80 mil hectáreas.
 
La Gran Muralla Verde fue, primero, una decisión política. En 2005, el titular de la Unión Africana y presidente nigeriano, Olusegun Obasanjo, planteó la idea, a la que terminó de dar forma su homólogo senegalés, Abdoulaye Wade. En 2007, en la octava cumbre del bloque regional, once países sellaron el ambicioso proyecto con el nombre que se le conoce ahora.
 
Tal vez por tratarse de una decisión política, la apuesta fue a lo grande: construir una barrera arbolada de más de 7 mil kilómetros de largo y 15 de ancho que atraviese el continente, desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, para luchar contra la desertificación, la pobreza y el cambio climático.
 
Además de Senegal y Nigeria, se sumaron Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Sudán, Tchad, Eritrea, Etiopía y Yibuti. Pero la Gran Muralla Verde no avanzó de igual manera en todos esos países. En 2008 Senegal, que no esperó a que llegasen los fondos de la comunidad internacional, ya contaba con 5 mil hectáreas plantadas.
 
Este es uno de los proyectos ecológicos más ambiciosos que haya encarado el continente africano. Más allá del impacto global, las transformaciones que produce son palpables a un nivel mucho más pequeño y comunitario, donde día tras día, se va edificando la muralla que nunca estará terminada, ni será un muro.

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