En el corazón de la Mata Atlántica de Brasil, se ha descubierto una abeja intrigante que destaca por su ingeniosa defensa. La Melipona mondury, conocida como “uruçu amarela”, utiliza barro, resina, cera y propóleo para crear una fortificación natural que protege su hogar de depredadores.
La fortaleza de la abeja sin aguijón
En lugar de un simple refugio, esta abeja transforma su entorno en un complejo bien organizado. Las colmenas de Melipona mondury son más que nidos; son ciudades biológicas que albergan miles de individuos y mantienen el microclima interno estable, lo que es crucial para la conservación de la biodiversidad.
El acceso a estas colmenas está salvaguardado por una entrada resistente de geopropóleo, una combinación de materiales que asegura que solo una abeja pase a la vez, dificultando el ingreso de intrusos. Esta entrada, además, refleja la luz ultravioleta, guiando a las recolectoras de regreso al nido.
Las investigaciones sobre 19 colonias han subrayado la importancia de los árboles maduros para estas abejas. Ubicadas en cavidades de gran tamaño a varios metros del suelo, las colmenas dependen de la estructura de estos árboles para prosperar.
La población de cada colonia, que oscila entre 3537 y 10 281 abejas, se organiza eficientemente en torno a panales de cría y recipientes de alimentos. Las condiciones térmicas dentro del nido se mantienen en un rango que favorece el desarrollo adecuado de las crías, demostrando una adaptabilidad notable al entorno exterior.
Las abejas sin aguijón, como las Melipona mondury, son fundamentales para la polinización en áreas tropicales, contribuyendo entre el 30 % y el 40 % de la polinización según el bioma. Su presencia es vital para la regeneración de los bosques, particularmente en la Mata Atlántica.
El informe del Atlas de la Mata Atlántica 2024-2025 revela una disminución en la pérdida de bosque maduro, pero las cifras siguen alarmantes con solo un 24 % de cobertura original. Este contexto subraya la necesidad de estrategias de reforestación efectivas para asegurar el hábitat de estas abejas.
Fomentar la conservación local plantando especies nativas y evitando pesticidas es esencial. Los meliponarios deben diseñarse teniendo en cuenta las características del entorno natural para garantizar un manejo sostenible.
La historia de la Melipona mondury ilustra cómo una pequeña abeja puede utilizar su entorno para crear una defensa robusta, vital para su supervivencia y la del ecosistema. Este estudio detallado está disponible en Biota Neotropica.



