El mayor techo solar plegable del mundo ya opera sobre la planta de tratamiento de aguas residuales del Lago Thun, en el cantón suizo de Berna. La instalación, desarrollada por DHP Technology, demuestra que es posible generar electricidad renovable utilizando espacios industriales ya existentes.
El sistema produce unos 3 GWh anuales sin ampliar la huella territorial de la depuradora ni alterar el entorno natural. Este enfoque evita competir con suelos agrícolas y zonas protegidas, un punto crítico en países donde el espacio es limitado.
Al integrarse en una infraestructura que ya forma parte del paisaje, este proyecto se convierte en un ejemplo de transición energética con bajo impacto. Además, permite sumar capacidad solar sin añadir carga visual ni generar nuevas áreas artificializadas.

Un diseño plegable que reduce materiales y se adapta al clima
El sistema Horizon funciona mediante un mecanismo inspirado en la ingeniería de teleféricos alpinos. Los paneles se despliegan sobre cables y pueden replegarse ante nevadas intensas, mantenimiento o condiciones adversas.
Esta flexibilidad protege la estructura y prolonga su vida útil. La ligereza del diseño reduce en torno al 50% el uso de materiales frente a techos solares tradicionales. Al requerir menos acero y una cimentación mínima, su huella ambiental disminuye notablemente.
También permite crear grandes claros entre soportes sin interferir en la operación de la planta de tratamiento. Este tipo de tecnología resulta especialmente adecuada para zonas montañosas, donde las cargas de nieve suelen comprometer sistemas rígidos.
Aquí, basta un repliegue temporal para mantener la seguridad y la continuidad del servicio. El resultado es un modelo fotovoltaico más adaptable, eficiente y seguro.
Una instalación pionera sobre el Lago Thun
El techo instalado en la depuradora ARA Thunersee cubre más de 23.000 m² y alcanza 3,6 MW de potencia pico. Genera energía equivalente al consumo anual de unas 700 viviendas. Su integración respeta por completo el funcionamiento de la planta, que sigue operando sin interrupciones.
El proyecto evidencia que infraestructuras ya existentes pueden transformarse en plataformas de generación limpia. Aparcamientos, estaciones de servicio, áreas logísticas o zonas ferroviarias podrían adoptar modelos similares.
Esto permitiría multiplicar el rendimiento de superficies urbanas sin ocupar más territorio. La construcción empleó acero galvanizado de alta durabilidad, ideal para un entorno húmedo y corrosivo.
Su modularidad favorece tareas de mantenimiento y una posible ampliación en el futuro. La planta se convierte así en un referente europeo de energía distribuida sobre espacios industriales.

Un modelo replicable y con potencial internacional
Diversos operadores de agua, transporte y logística de Europa ya mostraron interés en esta tecnología. La reversibilidad del sistema y su bajo peso facilitan su adaptación a múltiples contextos industriales.
Cada país puede ajustar la instalación según su normativa sin obras pesadas ni grandes intervenciones. En un escenario de presión por descarbonizar servicios públicos, estas cubiertas ofrecen una solución realista.
Permiten generar energía en el mismo lugar donde se consume, reduciendo costes y dependencia de redes externas. Además, aumentan la resiliencia energética frente a eventos climáticos extremos.
La posibilidad de combinar estos techos con almacenamiento y gestión inteligente de la demanda abre nuevas oportunidades. Las ciudades podrían desarrollar redes solares distribuidas incrustadas en su infraestructura cotidiana. El resultado sería un sistema más estable, eficiente y preparado para el cambio climático.
Beneficios ambientales y sociales de estas iniciativas
Este tipo de proyectos permite expandir la energía solar sin ocupar nuevos territorios ni alterar ecosistemas. Al utilizar superficies ya impermeabilizadas, se evita la pérdida de suelo fértil y la fragmentación de hábitats.
Además, se reduce el conflicto social asociado a nuevas infraestructuras energéticas. La reducción en el uso de materiales disminuye emisiones y demanda de recursos, lo que favorece una transición más sostenible.
La capacidad de replegarse prolonga la vida útil del sistema, generando menos desechos a lo largo del ciclo. También contribuye a proteger instalaciones sensibles ante fenómenos meteorológicos extremos.
A nivel urbano, estas iniciativas fortalecen la seguridad energética local. Los municipios pueden producir electricidad in situ y reducir costos operativos. Esto beneficia tanto a servicios públicos como a comunidades que buscan alternativas renovables más accesibles.



