El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires avanza con un ambicioso plan de movilidad sustentable. Tras el traspaso de las líneas de colectivos desde Nación, se inició una transformación que apunta a renovar el sistema de transporte público y reducir su huella ambiental.
Uno de los ejes centrales es la modernización de la flota de colectivos, que prevé que el 30% de los vehículos funcionen con energía limpia para 2027. A partir de ese año, las empresas solo podrán incorporar unidades con tecnologías sustentables, como motores eléctricos o a gas natural comprimido.
Esta estrategia se enmarca dentro del compromiso de la Ciudad con el Acuerdo de París y el Plan de Acción Climática 2050, cuyo objetivo es lograr la neutralidad de carbono en las próximas décadas. Para 2030, Buenos Aires se propuso reducir un 50% sus emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 2015.
A la vez, se estableció un límite de antigüedad para los colectivos, fijado en 10 años. Aunque aún no se cumple del todo, se redujo a la mitad el número de unidades obsoletas en solo seis meses, y se espera sumar 144 vehículos nuevos en el corto plazo.

TramBus, E-Bus y una nueva red de conexiones verdes
El cambio no se limita a renovar los motores. Se están reformulando los recorridos para mejorar la eficiencia, usando datos obtenidos por GPS. Esta “acupuntura operativa” permitió optimizar líneas, reducir kilómetros innecesarios y mejorar la cobertura en barrios históricamente postergados como Rodrigo Bueno, 21-24 y Ramón Carrillo.
También se puso en marcha una línea completamente eléctrica, conocida como E-Bus. En sus primeros dos meses, transportó a más de 100.000 pasajeros en el Microcentro. Esta experiencia sentó las bases para el próximo lanzamiento de dos líneas de TramBus, con vehículos eléctricos de mayor capacidad que recorrerán zonas densamente pobladas y conectarán múltiples barrios porteños.
El TramBus 1 (T1) circulará entre Aeroparque y el Centro de Trasbordo Sáenz. El segundo tramo (T2) atravesará barrios como Flores, Parque Chas y Villa Urquiza. Se espera que el T1 esté operativo en 2026 y que el T2 se sume al año siguiente. Incluso se proyecta un tercer tramo sobre la autopista Dellepiane.
Otra de las innovaciones destacadas es el sistema multipagos, que permitirá abonar con tarjeta bancaria o QR, y cuya implementación completa está prevista para octubre. Además, se están instalando cámaras de seguridad y sistemas de asistencia a conductores con inteligencia artificial en toda la flota.
Beneficios de la movilidad sostenible en las grandes ciudades
Optar por un sistema de transporte limpio no solo reduce emisiones. También mejora la salud pública al disminuir los niveles de contaminación del aire, especialmente en zonas densamente habitadas donde los vehículos a combustión son la principal fuente de partículas tóxicas.
Además, la movilidad sostenible ayuda a descongestionar las calles. Al priorizar el transporte público eficiente y sustentable, se desalienta el uso del vehículo privado, se reducen los tiempos de traslado y se mejora la calidad de vida de millones de personas.
Otro beneficio clave es el ahorro económico. Los colectivos eléctricos o a gas requieren menos mantenimiento y tienen menores costos operativos. Esto permite reinvertir en infraestructura, ampliar recorridos y hacer el sistema más accesible para todos los sectores sociales.

El subte F y la apuesta por la conectividad
En paralelo, el gobierno porteño avanza con el proyecto de la nueva línea F de subte, que conectará los barrios de Barracas y Balvanera. Ya se preadjudicó el diseño técnico y más de 30 grupos empresarios mostraron interés, incluyendo el conglomerado surcoreano Samsung.
La línea F tendrá una extensión de cinco kilómetros y su licitación se prevé para antes de fin de año. Desde el Ministerio de Movilidad aseguran que será clave para mejorar la conectividad transversal y aliviar la carga de las líneas existentes.
Con estas obras, Buenos Aires se posiciona como una de las ciudades latinoamericanas más comprometidas con la transformación ecológica del transporte urbano. La clave estará en sostener la planificación, garantizar la equidad en el acceso y acelerar la transición hacia un modelo urbano más limpio, inclusivo y resiliente.



