El área de El Calafate, famosa por sus impresionantes glaciares, es también un rincón donde la tierra oculta secretos del pasado, como el Kostensuchus atrox, un antiguo depredador del Cretácico que habitó la región hace 70 millones de años.
Este crocodriliforme recién descubierto, cuyo fósil fue hallado en la Formación Chorrillo, medía unos 3,5 metros y pesaba alrededor de 250 kilos. Con mandíbulas poderosas y dientes afilados, este gigante prehistórico era un depredador formidable, capaz de cazar dinosaurios menores.
El descubrimiento, realizado cerca del Parque Nacional Los Glaciares, es significativo pues es el primer fósil de su tipo encontrado en esta formación. El esqueleto está casi completo, exceptuando partes de las extremidades y la cola, lo que permite un análisis detallado de su anatomía.
Detrás de este hallazgo hay un largo y meticuloso proceso que comenzó en 2020, pasando por diversas etapas de excavación y análisis en laboratorio, culminando en su descripción en una revista científica. Este tipo de trabajo es común en paleontología, una ciencia que exige paciencia y precisión.
Aunque no es un dinosaurio ni un ancestro directo de los actuales cocodrilos, el Kostensuchus atrox pertenece a los peirosáuridos, un grupo adaptado a la vida terrestre en Gondwana. Su nombre evoca al viento patagónico y a la deidad egipcia Sobek.
Hallazgo de un depredador prehistórico
El estudio sugiere que su postura era menos erguida en comparación con otros crocodriliformes, aunque se necesita más evidencia para esclarecer sus hábitos. Su dieta era hipercarnívora, con un hocico robusto y dientes diseñados para desgarros eficaces, permitiéndole abatir presas de tamaño considerable.
En el contexto del Maastrichtiense, la región era diferente a la actual, con llanuras aluviales y un clima cálido. El Kostensuchus compartía su entorno con otros depredadores como el terópodo Maip, su principal competidor.
Este descubrimiento no solo enriquece el conocimiento sobre la biodiversidad pasada, sino que también subraya la conexión entre continentes en tiempos remotos, mostrando que especies como los peirosáuridos habitaban tanto en Sudamérica como en África.
Finalmente, este estudio es un recordatorio de que el cambio climático es una constante en la historia de la Tierra, aunque el calentamiento actual es impulsado por la actividad humana, como señala el IPCC.



