En Quilicura (Chile), más de 50 vecinos lograron reemplazar durante una jornada el funcionamiento de una inteligencia artificial.
Bajo la iniciativa Quili.ai, este “servidor humano” respondió a 25.000 interacciones en tiempo real, con un promedio de 12 minutos y 40 segundos por conversación, atendiendo consultas de 68 países, entre ellos Japón, Emiratos Árabes Unidos, Finlandia y Estados Unidos.
El trasfondo ambiental
La acción, impulsada por la Corporación NGEN, buscó visibilizar un dato alarmante: cada consulta a un chatbot convencional puede consumir entre 0,5 y 2 litros de agua, debido al enfriamiento de los centros de datos.
Para contrarrestar este impacto invisible, la comunidad ofreció su propia “base de datos” viva, integrada por perfiles humanos diversos:
- Una enfermera.
- Un experto en fútbol.
- Una traductora trilingüe.
- Adolescentes a cargo de redes sociales.
- Adultos mayores compartiendo recetas familiares.
Un experimento social sobre la soledad digital
Lo que comenzó como una alerta medioambiental derivó en un profundo experimento social. Los vecinos no solo resolvieron dudas turísticas —como visitar Viña del Mar o el Cajón del Maipo—, sino también respondieron preguntas sobre crianza, inquietudes emocionales, solicitudes de dibujos de gatos y consultas tan particulares como “cómo conocer a un latino emocionalmente responsable en Europa”.
Voces de la experiencia
- Lorena Antimán, vocera de la actividad: “La invitación no es a ir en contra de la tecnología, sino a entender que existe una huella hídrica detrás de cada clic. Hoy, si quiero una receta de queque, probablemente sea mejor preguntarle a la vecina que a la IA”.
- Antimán agregó: “Esto fue una desconexión que generó conexión. Volvimos a lo básico: ayudarnos más entre nosotros”.
- Ricardo, acuarelista y participante: “Con la ayuda de todos logramos dejar la tecnología de uso superfluo para enfocarnos en lo relevante, evitando desgastes innecesarios”.

Resultados de la jornada
- Cada vecino sostuvo un promedio de 40 interacciones durante ocho horas continuas.
- Las conversaciones fueron más largas y profundas que las habituales con sistemas automatizados.
- El experimento demostró que la inteligencia colectiva sigue siendo insustituible.
El impacto ambiental de la IA
El uso de la inteligencia artificial genera un impacto ambiental significativo:
- Elevado consumo energético: los centros de datos consumen entre el 1% y el 1,5% de la electricidad mundial.
- Emisiones de carbono: el entrenamiento de modelos de lenguaje como GPT-3 produce grandes emisiones de CO2. Google, por ejemplo, aumentó sus emisiones casi un 50% entre 2019 y 2023.
- Alto consumo de agua: se estima que un modelo como GPT-3 puede consumir 500 ml de agua por cada 10 a 50 consultas.
- Desechos electrónicos y minería: la producción de hardware requiere extracción intensiva de minerales como litio y cobalto, generando residuos tóxicos.
Potencial positivo de la IA
A pesar de su huella, la IA puede ser utilizada para la sostenibilidad:
- Modelar escenarios climáticos.
- Mejorar la eficiencia energética en industrias.
- Optimizar la gestión de recursos naturales.
El “apagón” simbólico de la IA en Quilicura mostró que la respuesta más eficiente y sustentable puede estar en la interacción humana directa. La experiencia evidenció tanto los costos ambientales ocultos de la inteligencia artificial como el valor insustituible de la empatía y la conexión comunitaria.



