Cada vez que una persona saluda, agradece o intercambia frases amables con un sistema de inteligencia artificial, se activa una estructura invisible pero altamente demandante: centros de datos que consumen grandes cantidades de energía para procesar esas interacciones.
Científicos, ingenieras y desarrolladores están comenzando a debatir el impacto ambiental de estas prácticas cotidianas, conocidas como “cortesía digital”.
Según diversas investigaciones, los modelos avanzados de IA requieren hardware especializado, cuyo uso energético es significativo durante el entrenamiento y despliegue. En los centros de datos, entre el 40 y 50 % de la energía se destina a los servidores, y hasta un 30 o 40 % al sistema de enfriamiento, debido al calor generado por la actividad computacional.
Cortesía versus sostenibilidad: un equilibrio necesario
Aunque expresiones como “hola”, “por favor” o “gracias” parecen inofensivas, cada una activa la arquitectura de datos que da respuesta a los usuarios. A pequeña escala, su impacto es mínimo; pero multiplicado por millones de usuarios diarios, el consumo energético puede ser notablemente superior, explican investigadores especializados.
El sistema ChatGPT, citado en el informe, reconoce que la cortesía mejora las respuestas, generando interacciones más completas y personalizadas. Sin embargo, también admite que no necesita excesos lingüísticos para brindar información adecuada, y recomienda una comunicación clara y directa, sin fragmentar la conversación en múltiples entradas triviales.
“Buscar el equilibrio entre amabilidad y eficiencia es clave para avanzar hacia una inteligencia artificial más sostenible”, señalan desde el sector académico.
Impacto económico y reflexividad en el uso de la inteligencia artificial
La ingeniera informática Verónica Bolón, profesora en la Universidade da Coruña, recordó en dialogo con EFE que incluso mensajes independientes de agradecimiento pueden representar costes adicionales de millones de dólares para las empresas de IA, como reconoció el propio Sam Altman, CEO de OpenAI.
Bolón también advirtió sobre prácticas abusivas, como la generación de decenas de imágenes sin necesidad o pedidos múltiples de versiones redundantes. Llamó a promover un uso más reflexivo y responsable, tanto desde el diseño de los algoritmos como desde la interacción ciudadana.
“La sostenibilidad debe ser un eje central del desarrollo tecnológico”, afirmó la especialista, quien desde hace años trabaja en inteligencia artificial sostenible junto a grupos nacionales e internacionales.
Algoritmos verdes y centros de datos eficientes
Los retos incluyen:
- Diseño de modelos computacionales más eficientes
- Optimización del consumo energético en infraestructura física
- Desarrollo de aplicaciones sostenibles
- Uso de la propia IA para predecir impactos ambientales
“La eficiencia algorítmica es cada vez más relevante, especialmente ante el crecimiento exponencial del consumo computacional”, remarcó Bolón.
La concientización sobre el costo ambiental de cada interacción se vuelve urgente, en especial cuando la IA se convierte en parte cotidiana de la vida digital. El objetivo es claro: humanizar el lenguaje sin comprometer los recursos del planeta.



