Combatir la desertificación y restaurar tierras afectadas es una prioridad crítica en la agenda ambiental global. Con más de 2.000 millones de hectáreas de terreno degradado impactando a 3.000 millones de personas, la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la biodiversidad están en juego.
Ante estos desafíos, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha identificado siete estrategias eficaces para recuperar ecosistemas degradados y asegurar un futuro sostenible.
Soluciones efectivas para detener la desertificación
El enfoque agroindustrial actual consume los valiosos recursos naturales que necesitamos para sobrevivir. Para garantizar un suministro alimentario sostenible, es crucial transformar estas prácticas en sistemas que colaboren con la naturaleza.
Es esencial abandonar los químicos dañinos y promover métodos agrícolas amigables con el ambiente. Al proteger la salud del suelo, podemos reducir el calentamiento global y conservar la humedad esencial.
La agricultura regenerativa ofrece soluciones prometedoras, permitiendo a gobiernos y agricultores producir alimentos sin comprometer los ecosistemas. Reformar subsidios hacia prácticas sostenibles y cultivar variedades resistentes al clima son pasos fundamentales.
Los suelos son el hogar de aproximadamente el 60 % de las especies vivas y proporcionan el 95 % de nuestros alimentos. También actúan como importantes sumideros de carbono, mitigando el cambio climático.
Prácticas como la agricultura ecológica, la reducción de labranza y el uso de compost orgánico son cruciales para mantener la tierra fértil y prevenir la erosión del suelo.
Los polinizadores, como abejas y mariposas, son vitales para la producción agrícola. Sin embargo, están en declive debido a la contaminación y la pérdida de hábitats, afectando a tres de cada cuatro cultivos que dependen de ellos.
Para revertir esta tendencia, la restauración de praderas y la plantación de flora nativa son esenciales.
Los ecosistemas de agua dulce juegan un papel crucial en mantener la fertilidad de las tierras y mitigar los efectos de sequías e inundaciones. Sin embargo, la contaminación y la sobreexplotación están acelerando su deterioro.
El PNUMA recomienda restaurar humedales y mejorar la calidad del agua, además de eliminar especies invasoras para proteger estos recursos estratégicos.
La subsistencia de más de 3.000 millones de personas depende de recursos marinos. Restaurar manglares, arrecifes de coral y marismas es vital para proteger la biodiversidad y aumentar la resiliencia contra fenómenos extremos.
Además, reducir los residuos plásticos y gestionar adecuadamente las aguas residuales son pasos críticos para preservar estos ecosistemas.
Las ciudades son responsables de más del 60 % de las emisiones globales y consumen la mayor parte de los recursos naturales. Para minimizar su impacto, el PNUMA sugiere crear bosques urbanos, jardines verticales y espacios verdes para mejorar la calidad del aire.
La ONU estima que se necesita una inversión de 542.000 millones de dólares anuales hasta 2030 para alcanzar los objetivos climáticos y de biodiversidad. Gobiernos y empresas deben liderar la movilización de recursos hacia proyectos de restauración ecológica.
Detener la desertificación y restaurar las tierras no depende de una única acción, sino de un enfoque integral que combine políticas públicas, inversión privada y cambios en los hábitos de consumo. La restauración ecológica es clave para asegurar alimentos, agua y un clima estable.



