Bolivia: cómo una comunidad guaraní convirtió un área del tamaño de Irlanda en reserva natural para proteger el ambiente

En 2017, la comarca de Charagua Iyambae en Bolivia logró un hito histórico: pasó de ser un municipio tradicional a convertirse en el primer gobierno autónomo indígena guaraní del país.

Este territorio, del tamaño de Irlanda con 71.000 kilómetros cuadrados, logró colocar a más del 75% de su superficie bajo protección ambiental.

Así, lograron demostrar que autonomía indígena y conservación pueden ir de la mano. Este éxito refleja el espíritu del primer gobierno guaraní de Bolivia en la región.

Seis áreas protegidas en el corazón del Gran Chaco

La comunidad guaraní de Charagua Iyambae en Bolivia cuenta actualmente con seis áreas protegidas que abarcan la mayor parte de sus 71.000 kilómetros cuadrados.

El territorio alberga a menos de 40.000 habitantes y se extiende entre la serranía del Aguaragüe y la inmensa llanura seca del Gran Chaco Americano que forman parte de la gobernanza guaraní en Bolivia.

La voluntad de proteger el territorio comenzó antes de la autonomía.

La Asamblea del Pueblo Guaraní ya había creado dos parques nacionales en 1995 y 1997:

  • El Parque nacional Kaa Iya del Gran Chaco
  • El Parque nacional Otuquis

«El parque nacional Kaa Iya fue creado por el pueblo guaraní en respuesta al avance de la frontera agrícola fomentada por el gobierno en los años 90″, explica José Ávila, director de áreas protegadas de Charagua Iyambae.

A partir de 2019 se sumaron cuatro áreas más, cada una con objetivos específicos.

El Área de Vida del Guajukaka protege al guanaco del Chaco, un camélido en peligro de extinción.

Por su parte, el Área de Manejo del Agua Irenda, en la serranía Aguaragüe, funciona como zona de recarga hídrica que abastece a más de 40 comunidades.

Cómo la nueva forma de gobernar transformó esta área de Bolivia

El cambio a gobierno autónomo indígena, figura reconocida en la Constitución boliviana de 2009, transformó la gobernanza del territorio.

«Anteriormente, el alcalde y sus concejales decidían allí, en la mesa. Ahora, las asambleas tienen poder de decisión», cuenta Eliberto Vasquez, apicultor de la comunidad Taputami. Esta transición hacia un gobierno indígena guaraní ha sido fundamental en Bolivia.

Aunque Charagua mantiene una asamblea deliberativa, un órgano legislativo y un ejecutivo, estos sirven principalmente para oficializar las decisiones de las asambleas comunitarias.

«Quizás de alguna manera los mecanismos son un poquito más largos en el tema de lograr la ejecución de mandatos, pero lo importante en todo esto es que viene desde la gente, desde su deseo, su visión de cómo quieren vivir», reflexiona José Ávila en diálogo con El País.

El equilibrio entre la conservación y el desarrollo económico

Las áreas protegidas buscan equilibrar la conservación del territorio con la mejora de las condiciones de vida.

«Vienen un montón de instituciones a decirnos que conservemos el bosque, el aire y el agua«, cuenta Milton Huayrana, responsable local de la Fundación Natura Bolivia.

Y refuerza: «Es importante, pero también tenemos hambre, y tenemos necesidades»

Por eso, se impulsan proyectos productivos sostenibles para la sustentabilidad del primer gobierno guaraní autónomo de Bolivia.

Eliberto Vasquez, por ejemplo, recibió hace siete años colmenas y núcleos de abejas a través del gobierno autónomo.

Hoy tiene 18 colmenas y es socio de la asociación de productores Eirenda.

«Más antes, el manejo de nuestra asociación de productores de miel no era muy bueno, pero hemos recibido capacitación en administración, en el tema de cuentas y ahora está mejor», relata.

Los desafíos del primer gobierno autónomo indígena guaraní de Bolivia

En 2024, Charagua Iyambae adoptó su propia ley de áreas protegidas, elaborada en 2020. Esto es un reflejo de la solución boliviana a los desafíos del gobierno guaraní.

«Nos da mayor posibilidad de realizar la gestión desde los saberes ancestrales, con una mayor participación social y con mecanismos que se adaptan a nuestra realidad», aclara José Ávila.

Sin embargo, persisten desafíos importantes. Uno de los más graves es que el financiamiento es insuficiente.

Es que solo el 1,5% del presupuesto que recibe el gobierno de la coparticipación tributaria se destina a áreas protegidas.

Por ello, Charagua explora mecanismos como los créditos de carbono, permitidos en Bolivia desde 2024.

Otro problema son las presiones externas. «Se anteponen los intereses empresariales, productivos y hasta el mismo Gobierno incurre en esta falta de respeto hacia el pueblo guaraní», lamenta Ávila.

Un ejemplo reciente es el proyecto del departamento de Santa Cruz de crear una ruta internacional hasta Paraguay.

Este fragmentaría el área protegida Ñembi Guazu, territorio ancestral habitado por ayoreos en aislamiento voluntario.

«Tenemos que seguir dando esta lucha para mantener nuestros recursos naturales, para nuestros nietos, bisnietos, y toda la generación que viene por detrás», concluye el director de áreas protegidas.

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