Bosque azul mágico: un fenómeno natural que dura sólo tres semanas al año y es único en el mundo

Los jacintos silvestres del bosque de Halle, situados a menos de 30 kilómetros de Bruselas, vuelven a desplegar su famosa alfombra púrpura durante su efímera floración anual, un fenómeno excepcional en Europa que solo dura tres semanas y que, por primera vez en dos años de covid-19, permite su disfrute sin limitaciones.

Más conocido como Hallerbos, su nombre en neerlandés, este bosque concentra el mayor número de jacintos salvajes de color púrpura del mundo, una planta que transforma el paisaje en un manto de color que atrae a turistas, fotógrafos, documentalistas e «instagrammers».

El bosque encantado

Los visitantes pueden pasear sin restricciones por los senderos de Hallerbos, un lugar que se encuentra en Google bajo el nombre de «bosque azul mágico» y que, pese a la brevedad de la floración, no recibía aglomeraciones desde 2019 debido a la crisis sanitaria del coronavirus: solo los habitantes de la zona estaban autorizados a visitarlo en 2020 y en 2021 ya que las autoridades locales no facilitaron el acceso público.

«Hemos venido aquí para ver las flores, que son extraordinarias y de las que hay en grandes cantidades. Estamos para ver este paisaje tan particular en esta estación del año», contó Marc, un bruselense residente en la ciudad de Mons, en la región de Valonia, la parte francófona de Bélgica.

El tapiz púrpura dura desde mediados de abril hasta principios de mayo y es un fenómeno que solo puede verse en algunos países con un clima atlántico, concretamente en la región belga de Flandes, en el norte de Francia y en pequeñas zonas del sur de Inglaterra.

El secreto de este lugar, que evoca la estética de un bosque encantado, son las 200 hectáreas de hayas que se erigen sobre los jacintos en flor, de modo que la luz se filtra entre sus hojas creando una iluminación propia de un cuento de hadas.

Un lugar cargado de historia

La historia de Hallerbos está ligada a la de Bélgica: la mayoría de sus árboles se talaron a principios del siglo XX, cuando el enclave era propiedad del Duque de Arenberg, y se replantaron tras la Primera Guerra Mundial, cuando pasó a manos del Estado belga.

Esto provocó que en un ecosistema muy antiguo crecieran árboles y plantas muy jóvenes, que cerraron el espacio sin llegar a invadirlo, lo que propició el florecimiento de un manto de jacintos de más de 500 hectáreas.

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