China, el país que durante décadas lideró el crecimiento de las emisiones globales de carbono, comienza a mostrar señales de reversión. Un reciente análisis indica que sus emisiones de CO₂ disminuyeron en los primeros meses de 2025, marcando un posible punto de inflexión ecológico para el gigante asiático.
El informe señala una caída del 1,6 % en las emisiones en comparación con el mismo período del año anterior. Esta tendencia ya se había insinuado en 2024 y ahora se fortalece gracias a la expansión acelerada de energías limpias.
Durante los primeros meses del año, el uso de combustibles fósiles en la generación eléctrica también cayó. Por primera vez, más de una cuarta parte de la electricidad provino de fuentes eólicas y solares.
Esta transición representa un cambio sin precedentes para una economía históricamente dependiente del carbón, que aún representa un respaldo energético importante en momentos de incertidumbre internacional.

Transición energética: avance, retos y oportunidades sin emisiones de carbono
El cambio en la matriz energética china fue impulsado por una estrategia ambiciosa. Tan solo en 2024, China instaló más capacidad solar que toda la Unión Europea junta. Este ritmo vertiginoso permitió estabilizar las emisiones y fortalecer su seguridad energética.
La apuesta por las renovables también se alinea con la evolución del modelo económico chino. Industrias intensivas en carbono, como el acero o el cemento, están perdiendo protagonismo frente a sectores más sostenibles como la biotecnología o la fabricación de vehículos eléctricos.
Sin embargo, frenar el crecimiento no garantiza una reducción sostenida. Expertos alertan que el progreso puede estancarse si no se implementan políticas más agresivas, sobre todo en un contexto geopolítico incierto y con un crecimiento económico desacelerado.
El gran reto será transformar esta pausa en una trayectoria descendente de largo plazo. Para lograrlo, China deberá mantener el impulso actual y presentar compromisos firmes en la próxima cumbre climática COP30.
El impacto global del giro chino
La acción climática mundial depende en gran medida del rumbo que tome China. Su participación en las emisiones globales ronda el 30 %, y su decisión de reducirlas o mantenerlas puede inclinar la balanza del calentamiento global.
El cumplimiento del compromiso asumido en el Acuerdo de París —reducir su intensidad de carbono en más del 65 % para 2030— aún está en duda. La pandemia y la alta demanda energética pusieron en jaque ese objetivo.
Sin embargo, si China convierte el reciente descenso de emisiones en una tendencia sostenida, no solo avanzará hacia sus metas climáticas, sino que también reforzará su liderazgo internacional en la transición ecológica.

¿Cuáles son las medidas ambientales que tomó China en los últimos años?
En los últimos años, China intensificó sus esfuerzos ambientales mediante una transformación acelerada hacia las energías renovables. El país lideró la instalación de capacidad solar y eólica a nivel mundial, representando más de la mitad de la nueva infraestructura de este tipo entre 2023 y 2025. Esta expansión permitió que, por primera vez, la energía eólica y solar generen más de una cuarta parte de su electricidad.
Además, el gobierno chino promovió políticas para reducir su dependencia del carbón, incluyendo la clausura de plantas contaminantes y la modernización de su red eléctrica para integrar fuentes limpias. También impulsó sectores económicos con baja huella de carbono, como la movilidad eléctrica, la biotecnología y las tecnologías de información.
En paralelo, China reforzó su marco legal ambiental, endureciendo normativas sobre emisiones industriales y calidad del aire. Estas medidas, junto con una creciente inversión en innovación verde, buscan no solo reducir la contaminación local, sino también cumplir con sus compromisos internacionales bajo el Acuerdo de París.



