Ciudades oasis: las urbes que sobrevivirán al cambio climático y por qué

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En el último tiempo ha preocupado cómo las ciudades se van transformando producto del cambio climático. Y esto no es algo nuevo sino que, año a año, las personas pueden notar estas modificaciones que incluso desde las Naciones Unidas se ha advertido en varias oportunidades.

En las grandes ciudades, sobre todo, es posible ver cómo la contaminación atmosférica, lumínica y sonora fueron aumentando, y esta cifra parece no disminuir. Por el contrario, los números no son alentadores.

El cambio climático está afectando a todo el mundo y alterando la economía y las sociedades, produciendo grandes modificaciones en el clima. Por eso es clave entender los problemas que generan las acciones humanas en el ambiente y comprenderlo como un todo, ya que no son hechos aislados.

Qué es el cambio climático

Antes de hablar sobre las ciudades oasis es necesario aclarar efectivamente a qué se hace referencia cuando se menciona esta terminología ambiental.

Según las Naciones Unidas se considera cambio climático a una modificación significativa del clima, por períodos prolongados atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables.

En ese sentido, aquellos cambios que se producen por causas naturales se lo denomina como “variabilidad natural del clima”.

El mismo está afectando a todo el mundo, y alterando la economía y las sociedades, produciendo grandes modificaciones en el clima. Por eso es clave saber entender los problemas que genera.

Si nos enfocamos en el cambio climático y sus causas, la principal razón tiene que ver con el aumento de la temperatura, que se da a partir del incremento de los gases de efecto invernadero (GEI), como dióxido de carbono, metano, clorofluorocarbonos, hidrofluorocarbonos, óxido nitroso y hexafloruro de azufre; la industrialización y el crecimiento de las poblaciones.

Todas estas problemáticas no van a disminuir mágicamente, a menos que las sociedades hagan algo para evitarlas. Es por eso que, en 2015, se aprobó el Acuerdo de París, firmado por 200 naciones, a partir del cual se espera reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento global de la temperatura por debajo del 1,5 o 2 grados Celsius como máximo, esperando evitar sus consecuencias.

Es tiempo de que las personas tomen dimensión de las consecuencias de sus actos, ya que todo está concatenado. Y es que el cambio climático está presente desde hace tiempo y se nota en cada fenómeno meteorológico: modificaciones en el clima como sequías severas y prolongadas, aumento de precipitaciones en ciertas regiones y disminución en otras, incremento de las temperaturas y con ella aumento de los incendios forestales, entre otros eventos.

Con esto, los glaciares y las masas de hielo experimentaron retrocesos significativos que afectan a los ríos y a la disponibilidad de agua dulce. Además, las inundaciones están asociadas a los cambios en el uso de la tierra y sequías lo que afecta a los cultivos, y en este sentido a cientos de personas que se dedican a la agricultura y ganadería, así como también a todos los que consumen aquellos productos.

Pero esto no se da sólo. Todos estos procesos fueron la consecuencia de muchas décadas en que los humanos hicieron y deshicieron a su gusto y necesidades, sin medir las consecuencias que eso podría implicar, lo que alteró la temperatura a nivel mundial.

Un gran ejemplo de acciones humanas que impactan negativamente es la deforestación ya que, al perderse el bosque nativo, también disminuye la calidad del suelo, que impide la absorción de las lluvias, que a su vez aumenta el caudal de los ríos en algunas zonas.

Tampoco se puede dejar de mencionar que con el aumento de temperaturas los océanos absorben más energía y esto produce el calentamiento de sus aguas que genera el incremento de los niveles del mar y altera las corrientes oceánicas, e indirectamente produce modificaciones en las tormentas.

Por todas estas razones y muchas más es que es preciso considerar todos estos hechos como un todo, ya que funcionan como un círculo vicioso.

Todas estas situaciones se pueden ver replicadas en diversas ciudades y cada vez con mayor frecuencia. Ningún país se salva de sentir los efectos del cambio climático, incluso, los países que son considerados grandes potencias mundiales, en este aspecto suelen ser los principales culpables.

Esto se debe a la gran emisión de gases de efecto invernadero que producen y de lo que ya se ha advertido se debe frenar y que si no se logran alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) las consecuencias podrían ser devastadoras.

Que mundialmente se hayan podido ver estos cambios también hace que las poblaciones tomen cada vez más consciencia y se preocupen sobre su futuro. En ese contexto es que en las últimas semanas ha tomado relevancia el término de ciudades oasis. Conozcamos un poco más de qué se trata.

Ciudades oasis: qué son y cuál es su importancia

Las ciudades son quienes más sufren y sufrirán las consecuencias de los cambios en los ecosistemas que venimos mencionando. Si bien sólo ocupan el 2% del territorio mundial, las son responsables del 70% de los gases de efecto invernadero, como se explicó anteriormente.

Sin embargo, según especialistas, no todas las ciudades se verán afectadas de la misma manera.

Las grandes urbes son cada vez más buscadas por los humanos que migran hacia ellas para rehacer sus vidas. Sin embargo, la ocupación de algunos sitios al extremo, al mismo tiempo que las poblaciones aumentan en millones de personas, generará también más contaminación.

Es por ese motivo que zonas que actualmente están superpobladas se estima que podrían ser lugares desérticos en aproximadamente 100 años, algo que, si bien probablemente no afecte a la población actual, sí lo hará a las generaciones futuras.

Así se detalla que las ciudades que estén sobre la línea del ecuador o próximas sufrirán grandes períodos de sequía y olas de calor que podrían ser fatales, debido al aumento extremo de la temperatura. Según una investigación de la Universidad Politécnica de Zurich, para el 2070 el 77% de las ciudades sufrirán un cambio drástico de temperaturas.

Por otro lado, los países que están más al norte se deberán enfrentar a los aumentos en la pluviosidad, deslizamientos e inundaciones.

Sin embargo, como se dijo antes, si bien todo el planeta se verá afectado por estas consecuencias devastadoras, no todas lo harán en la misma medida y es allí donde surge el término de “ciudades oasis”.

Estos son sitios que no se verán tan afectados y en los que las personas podrían llevar una vida lo más similar a como la conocemos en la actualidad, donde la temperatura más o menos se pueda tolerar, las inundaciones no destruyan las ciudades, y donde la vida animal y vegetal pueda continuar.

En esa línea se cree que los territorios ubicados más al norte pueden adaptarse mejor a los cambios, mientras que el centro y el sur tendrán que enfrentarse a climas áridos. Según las investigaciones países como India, Egipto o Nigeria serán megápolis fallidas, mientras que Canadá y Estados Unidos serán sitios mejores para vivir.

Lo mismo sucede con Rusia, Irlanda, Alemania y el norte de Francia que serán mejores opciones que los Países Bajos o Dinamarca, por ejemplo. Y esto tiene que ver con la suba del nivel del mar, que producirá grandes consecuencias en los territorios más bajos.

Sin embargo, pese a la existencia de las ciudades oasis la preocupación sigue estando ya que el territorio habitable será mucho más inferior al actual. Por eso es clave actuar.

En ese sentido, según se detalló Tek Crispy, en una publicación de la revista Nature, los científicos mencionaron cinco puntos clave en los que la sociedad tendrá que enfocarse para lograr que las ciudades oasis estén preparadas para afrontar estos cambios.

  • Mejorar los sistemas de alerta temprana de incendios e inundaciones, así como la respuesta a estas cuestiones y los equipos de trabajo.
  • Desarrollar mecanismos e infraestructuras resistentes a los cambios en el clima, sobre todo en hospitales y transporte.
  • Acción política y social, que acompañe las decisiones en materia de cuidado ambiental.

Si bien las personas no podrán hacerse responsables de las decisiones políticas, si es cierto que pueden tomar acción desde sus lugares y con pequeños cambios.

1. Reciclar. Darle doble vida a las cosas y no apurarse a desechar. Los frascos de vidrio de mermeladas o yogures por ejemplo, se pueden utilizar para hacer especieros, adornos, e incluso veladores.

2. Compras inteligentes. Adquirir lo necesario, aprender a leer las etiquetas prestando atención a que los ingredientes que componen ese producto sean naturales y evitar los empaquetados, por ejemplo en frutas y verduras.

3. Uso del agua. De más está decir que el agua es un recursos escaso. Cerrar las canillas y no perder tiempo en la ducha será de mucha ayuda. Además, es posible reutiliza el agua: con la misma que se use para cocinar o para lavar la ropa se pueden regar las plantas o baldear el patio.

4. Evitar el uso de plásticos. Por ejemplo, utilizando bolsas de tela, evitar botellas de plástico, o tuppers a la hora de comprar comida para el trabajo.

5. Responsabilidad energética. Para ser conscientes del consumo energético será necesario apagar las luces que no se estén utilizando y colocar lámparas de bajo consumo. Además, más de un 8% de la electricidad que se consume en los hogares proviene de los electrodomésticos que dejamos enchufados, aunque no estén en uso, como cargadores, planchitas de pelo, aires acondicionados e incluso la televisión.

6. Separar residuos. Al hacer una separación básica en reciclables como el papel, cartón, vidrio, algunos plásticos y telas; desechos orgánicos, todo lo que provenga de la tierra y de los animales; y en inorgánicos, todo lo restante, no solo ayuda a reducir los desechos sino también a que los recolectores urbanos puedan aprovecharlos.

Fuente: Bioguia por Luciana Gómez

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