Mientras El Bolsón, Río Negro, atravesaba una intensa ola polar, un foco de humo sorprendió a los brigadistas del Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF). En la zona del cerro Dedo Gordo, cerca del Río Blanco, detectaron un incendio subterráneo alimentado por una capa de carbón fósil.
El hallazgo llamó la atención por su singularidad: el fuego no avanzaba a través del bosque, sino que ardía bajo tierra, en contacto con raíces y material geológico. La explicación llegó desde el Geomuseo de El Bolsón, donde especialistas señalaron la presencia de un yacimiento de carbón mineral terciario.
El carbón descubierto, de apenas 30 centímetros de espesor y a poca profundidad, es un resto fósil formado entre 20 y 40 millones de años atrás. Durante ese período, la región albergaba un mar interior con extensos pantanos costeros, origen de estos sedimentos ricos en carbono.
La zona pertenece a la antigua Cuenca del Ñirihuau, compartida por Río Negro y Chubut, reconocida como una de las cuencas carboníferas más importantes del país.

El fuego fósil: amenaza silenciosa y lección ambiental
El foco detectado no surgió al azar. Según los especialistas, podría tratarse de la reactivación subterránea de los incendios forestales del último verano, que afectaron más de 2.900 hectáreas. El calor habría alcanzado raíces profundas, prendiendo el carbón fósil.
Estos incendios bajo tierra representan un peligro porque pueden mantenerse activos durante semanas o incluso meses, sin ser detectados a simple vista. Además, su extinción resulta compleja, ya que el fuego se propaga en un entorno sin oxígeno directo.
El episodio revela también una faceta poco conocida de la interacción entre el fuego, los suelos y la historia geológica. En la Patagonia, formaciones de turba, gas o carbón pueden reactivarse bajo ciertas condiciones, mostrando que los riesgos asociados a los incendios van más allá de lo superficial.

El Bolsón: naturaleza única y riesgos latentes
Ubicado en la comarca andina del sur de Río Negro, El Bolsón destaca por su riqueza ambiental y su geografía de transición entre bosques, montañas y estepas. Rodeado por el cerro Piltriquitrón y el valle del Río Quemquemtreu, combina una biodiversidad notable con un entorno natural vulnerable al cambio climático y a la acción humana.
El clima templado frío y las precipitaciones variables generan ecosistemas donde coexisten bosques de lenga, ciprés y coihue. Sin embargo, la presencia de suelos ricos en materia orgánica y restos fósiles como la turba o el carbón potencian el riesgo de incendios subterráneos.
Este hallazgo confirma que, además de su belleza natural, El Bolsón guarda vestigios geológicos que pueden activar fenómenos inesperados. Por eso, el monitoreo ambiental y la prevención resultan esenciales para proteger tanto la biodiversidad como la seguridad de sus habitantes.



