Tomoya Obokata, el relator especial de las Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de la esclavitud, expresó este viernes su «enorme preocupación» por la continuidad de prácticas análogas a la red de esclavitud en Brasil.
El experto destacó que estas problemáticas están especialmente ligadas a sectores que impulsan la destrucción ambiental en la Amazonía.
Tras una visita de doce días al país, Obokata indicó que, a pesar de la existencia de leyes y políticas para combatir el problema, los índices de explotación laboral y sexual, el trabajo en condiciones de esclavitud y el reclutamiento forzoso por parte del crimen organizado siguen siendo elevados.
Durante una conferencia de prensa, el relator manifestó estar «profundamente preocupado» por los testimonios sobre las formas modernas de esclavitud que afectan de manera particular a los pueblos indígenas, los afrodescendientes, las trabajadoras domésticas, los migrantes y los refugiados.
Para recabar información, Obokata se reunió con miembros del Gobierno, organizaciones no gubernamentales y víctimas de trabajo esclavo en varias ciudades, incluyendo Brasilia, São Paulo, Belo Horizonte, Río de Janeiro y Marabá, esta última en el estado amazónico de Pará.
Red de esclavitud y destrucción ambiental
El experto subrayó que las modalidades modernas de esclavitud en Brasil están «estrechamente vinculadas» con la devastación del medio ambiente, no solo en la Amazonía sino también en otras regiones del país.
«En la región amazónica, la red de esclavitud, el trabajo forzado es un componente integral de actividades como la deforestación, la ganadería, la minería ilegal y el tráfico de madera«, aseguró el relator. Su informe completo será presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en septiembre de 2026.
El informe preliminar señala que estas prácticas no solo fomentan directamente la deforestación, sino que también impactan de forma «desproporcionada» a las comunidades indígenas, quilombolas (descendientes de esclavos africanos) y otras poblaciones tradicionales.
Estas comunidades son expulsadas de sus tierras y, con frecuencia, se ven forzadas a aceptar empleos precarios que las encierran en ciclos de explotación.
El relator también sostiene que la mayoría de las víctimas de trabajo forzado son hombres y mujeres afrodescendientes, lo que evidencia una «discriminación estructural» basada en la raza y el género.
Obokata precisa que el trabajo en condiciones de esclavitud en Brasil se concentra en áreas como la agricultura (principalmente en cultivos de café y caña de azúcar), la construcción, la minería, la producción de carbón vegetal, el servicio doméstico y el sector hotelero.
Explotación de poblaciones vulnerables y recomendaciones
En su documento, el relator también advierte sobre la red de esclavitud con la explotación que sufren inmigrantes y refugiados. Al no poder acceder al mercado laboral formal, son contratados en condiciones precarias, sobre todo en tareas agrícolas y en el comercio informal.
Si bien el experto de la ONU reconoció las políticas y normativas que Brasil ha implementado, instó al país a intensificar las inspecciones laborales, asegurar que las sanciones sean proporcionales al delito y garantizar que existan mecanismos de denuncia accesibles y culturalmente adecuados, especialmente para las comunidades indígenas y rurales.
Además, solicitó un mayor fortalecimiento de la protección para los defensores de los derechos humanos y ambientales, quienes a menudo son blanco de amenazas.
Para concluir, Obokata afirmó que, a pesar de los avances institucionales, Brasil necesita «redoblar esfuerzos para erradicar la red de esclavitud, un fenómeno que no solo vulnera derechos fundamentales, sino que también acelera la destrucción de uno de los ecosistemas más cruciales del planeta«.




