Hasta los océanos tienen contaminación lumínica

La luz natural juega un papel fundamental en la vida de muchos organismos marinos. En esencia, para ellos, la luz natural es como un reloj para nosotros los seres humanos, ya sea para usarla como brújula para navegar por el entorno, para migrar arriba o abajo en la columna de agua o para el desove de los corales (que una vez al año, envían al agua pequeñas bolas que contienen esperma y huevos). Sin embargo, nunca le habíamos dado la importancia suficiente a las posibles consecuencias de añadir tanta luz artificial durante la noche al medio ambiente marino.

¿Qué consecuencias tiene?

Este resplandor, lo suficientemente fuerte como para penetrar en la profundidad de muchas aguas costeras, tiene el potencial de cambiar el comportamiento de las criaturas que allí habitan.

Las diferencias regionales y estacionales, como las floraciones de fitoplancton o los sedimentos de los ríos, también se ven afectadas allá donde penetra la luz. Diversos estudios ya han demostrado que la contaminación lumínica oceánica puede confundir a las tortugas marinas cuando eclosionan.

Se estima que, para el año 2060, las poblaciones costeras se duplicarán con creces, trayendo más luz artificial durante la noche a las áreas que antes estaban oscuras cerca de la costa.

Ahora, en un nuevo mapa global de la contaminación lumínica oceánica (el primero de su clase), los investigadores han delineado grandes regiones del océano iluminadas por ‘luz artificial en la noche’ o ALAN.

La luz, producida principalmente por las costas urbanas y los complejos petroleros en alta mar, puede brillar en las profundidades de las aguas, alterando zonas que normalmente estaban oscuras cerca de la costa. “Estos niveles de luz muy bajos generados por la luz artificial son de vital importancia para los organismos biológicos“, comenta el oceanógrafo Tim Smyth, especialista en óptica marina y detección remota del color del océano en el Laboratorio Marino de Plymouth y coautor del estudio que publica la revista Elementa: Science of the Anthropocene. “Pero el impacto que tiene en el medio ambiente marino ha sido bastante poco estudiado”.

Datos del océano y la atmósfera

La investigación, que incluye mediciones de luz artificial a bordo, datos mensuales de fitoplancton y sedimentos que dispersan la luz recolectados entre 1998 y 2017 y simulaciones por ordenador de cómo las diferentes longitudes de onda de la luz se mueven a través del agua, destaca áreas donde los ecosistemas están particularmente estresados por la luz artificial, lo que podría conducir a rápidos cambios evolutivos y de adaptación. Respecto a los datos recopilados por satélites, uno de ellos representaba la contaminación lumínica nocturna y el otro rastreaba el color del océano capturando las propiedades ópticas del agua.

Los científicos descubrieron que 1,9 millones de kilómetros cuadrados de océano (aproximadamente el mismo tamaño que México) experimentan cantidades biológicamente significativas de contaminación lumínica artificial a una profundidad de 1 metro. Esto representa alrededor del 3% de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) del mundo, el área que se extiende 370 kilómetros frente a la costa de un país. Otras áreas, también están experimentando contaminación lumínica incluso a 10 metros o más de 20 metros. Eso sí, la cantidad de aguas costeras afectadas por la luz artificial disminuyó a 1,6 millones de km2 a 10 metros de profundidad y 840.000 km2 a 20 metros, según el estudio.

Smyth afirma que estos cálculos son probablemente conservadores, ya que los investigadores hicieron una serie de suposiciones, incluida la premisa de que todas las ciudades tendrían un espectro de luz similar al de Plymouth, una ciudad con una población de aproximadamente 260.000 habitantes. Los investigadores esperan que, a medida que refinen su modelo, el impacto de la luz artificial nocturna en el mundo submarino aumente significativamente.

La luz artificial es muy diferente de la luz natural en sus propiedades espectrales, de intensidad y de tiempo. La luz nocturna natural, a diferencia de la artificial, aumenta y disminuye en escalas de tiempo diarias, mensuales y estacionales. La artificial se enciende y apaga abruptamente o permanece encendida toda la noche.

La profundidad a la que puede penetrar la luz depende no solo de la intensidad de la luz sobre el agua, sino también de las propiedades ópticas del agua. Por ejemplo, en zonas con aguas muy claras, la luz nocturna puede alcanzar profundidades de más de 40 metros. ¿Cuáles son las zonas más afectadas? Debido al desarrollo costero y sus ciudades costeras densamente pobladas, el Golfo Pérsico y la costa occidental de Arabia Saudita fueron dos de los lugares con los niveles más altos de contaminación lumínica.

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