Las fuertes corrientes oceánicas de la Antártida partieron a la mitad a un enorme iceberg

Un grupo de investigadores de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, dio a conocer que las fuertes corrientes del océano Austral (Antártico) provocaron que una enorme masa de hielo se fragmentara en varias partes hace casi 2 años.

De acuerdo con los autores del estudio, publicado en Science Advances, se registraron dos eventos: el iceberg tabular A68 se desprendió de la plataforma de hielo Larsen-C, ubicada en la península Antártica, en julio del 2017. Después de unos días, se dividió en dos témpanos, A68a y A68b, cuyas superficies eran de 5.700 y 90 km2 respectivamente.

En diciembre del 2020, el A68a, que en ese momento tenía una extensión de 3.900 km2, comenzó a romperse a medida que se alejaba de las islas Georgia del Sur. Los científicos registraron dos eventos de ruptura de grietas en el inmenso iceberg, indicando que el primero se produjo cuando su quilla entró en contacto brevemente con alguna estructura poco profunda del lecho marino.

No obstante, las causas del segundo acontecimiento no estaban del todo claras, puesto que ocurrió en aguas profundas, por lo que no hubo un contacto directo con el lecho marino. Ante esta situación, los especialistas sugirieron que la fragmentación del A68a pudo haber sido ocasionada por la cizalladura en las corrientes marinas.

La verdad detrás del rompimiento

Para comprobar esta hipótesis, se decidió hacer una simulación del segundo evento de ruptura, con el propósito de conocer cómo las fuerzas atmosféricas y oceánicas afectaron la evolución del gigante bloque de hielo hasta quebrarlo en varios pedazos. Los resultados demostraron que, cuando una parte del A68a se superpuso dentro de las corrientes oceánicas, que eran más fuertes que el resto de su cuerpo, provocaron una gran tensión en este que terminó por romperlo por la mitad.

Los científicos también mencionaron que la desintegración de los icebergs depende de la ubicación y la velocidad con la que liberan agua dulce al océano mientras se derriten, alterando sustancialmente la circulación oceánica, la formación de hielo marino y la biosfera marina.

«A medida que se alejan, depositan agua de deshielo lejos de las capas», mencionó el investigador Alex Huth, quien señaló que «esto puede influir en la circulación oceánica al estratificar la columna de agua y esencialmente puede fertilizar el océano con hierro, ya que son una fuente de sedimentos de la Antártida, lo que puede conducir a un aumento en fitoplancton», según publicó RT.

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