La expansión de las turberas árticas —humedales formados por materia orgánica parcialmente descompuesta y rica en carbono— podría estar funcionando como un nuevo sumidero natural de carbono impulsado por el cambio climático.
Sin embargo, esa capacidad beneficiosa podría volverse contra el clima si las temperaturas extremas continúan aumentando, advierte un estudio publicado en la revista Communications Earth and Environment.
El trabajo fue realizado por un equipo internacional de científicos que combinó observaciones satelitales, drones y monitoreo de campo en diversas regiones del Ártico.
Sus hallazgos confirman que en los últimos 40 años se produjo una expansión lateral de las turberas, especialmente en zonas como el archipiélago noruego de Svalbard, donde las temperaturas estivales aumentaron más rápido que en otras partes del planeta.
«El permafrost se descongela parcialmente, aporta agua a la vegetación, y la superficie se reverdece», explicó Chantelle Nixon, coautora del estudio y profesora de la Universidad de Quebec en Montreal. «Todas estas nuevas zonas están capturando carbono de forma activa», agregó.
Turberas árticas: del secuestro de carbono al riesgo de retroceso climático
Las turberas constituyen la mayor reserva natural de carbono en la Tierra, y su expansión inicial puede ayudar a mitigar emisiones. Sin embargo, cuando zonas secas se vuelven turberas, suelen emitir primero metano, un gas de efecto invernadero más potente que el CO₂.
«Con el tiempo, si se mantienen húmedas, las emisiones de metano se estabilizan y las turberas se convierten en sumideros aún más efectivos», explicó Karen Anderson, coautora del estudio y experta de la Universidad de Exeter (Reino Unido).
El problema es que esa condición de humedad sostenida está en riesgo. Las olas de calor extremas o los incendios podrían transformar estos sumideros en fuentes activas de carbono, acelerando el calentamiento.
«A corto plazo, estas turberas en expansión son buenas noticias. Pero si el clima sigue cambiando sin control, el beneficio podría revertirse», advirtió Anderson.
Una urgencia que no debe diluirse en el optimismo
Aunque el estudio aporta evidencia alentadora sobre la resiliencia de ciertos ecosistemas fríos, las autoras insistieron en que reducir rápidamente las emisiones globales de gases de efecto invernadero sigue siendo esencial.
«No podemos permitir que estos hallazgos nos desvíen del objetivo fundamental: estabilizar el clima y reducir emisiones», concluyó Anderson.



