El Atlántico Sur no es solo un reservorio de biodiversidad único en el mundo; es también un escenario de soberanía nacional y un motor económico para la Argentina. Sin embargo, la riqueza de nuestro mar enfrenta una amenaza silenciosa y devastadora: las llamadas «redes fantasma» de la pesca fantasma.
Se trata de materiales de pesca perdidos, arrastrados por tormentas o directamente abandonados por la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, que continúan atrapando y matando fauna marina sin control.
Frente a este escenario, la tecnología se posiciona como el gran catalizador para la conservación. Recientemente, a nivel internacional, una alianza estratégica entre Accenture, WWF y Microsoft desarrolló GhostNetZero, una plataforma de Inteligencia Artificial (IA) montada sobre la nube de Azure que revoluciona la detección de estas redes bajo el agua, transformando escaneos de sonar en objetivos de recuperación precisos, reduciendo costos y acelerando un proceso que antes llevaba meses de análisis manual.
Esta innovación abre una ventana de oportunidad crucial para la Argentina. Belén Arce, Líder de Sustentabilidad de Accenture Argentina, explica: “La tecnología no conoce fronteras y hoy tiene un rol urgente en la agenda climática. Herramientas de Inteligencia Artificial como las que impulsamos a nivel global a través de GhostNetZero se pueden utilizar perfectamente en la Argentina para potenciar los esfuerzos de conservación de nuestro mar. Al automatizar la detección de residuos en el lecho marino con una precisión del 95%, podríamos dotar a los organismos científicos, públicos y privados de una capacidad de respuesta sin precedentes para limpiar nuestras aguas y proteger los recursos transzonales que definen nuestra soberanía”.
El panorama en el Mar Argentino: soberanía, ciencia y biodiversidad
La pérdida de redes de pesca es una realidad compleja. Si bien los pescadores locales sufren accidentes debido a las corrientes del sur, el factor más alarmante proviene de las flotas extranjeras que operan en el límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) —la denominada “Milla 201”— persiguiendo recursos críticos como el calamar y la merluza.
Un estudio reciente del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep) reveló que el 76,2% de los lances de pesca de fondo analizados contenían basura marina, principalmente restos de redes y equipos de flotas extranjeras, vinculando directamente la pesca no reglamentada con la degradación del fondo marino argentino.
Este impacto ambiental quedó en evidencia en una reciente expedición del Conicet que se extendió desde Buenos Aires hasta Tierra del Fuego. Aunque los científicos identificaron hitos biológicos extraordinarios —como el mayor arrecife conocido de coral Bathelia candida y 28 potenciales nuevas especies para la ciencia—, también detectaron alarmantes niveles de basura marina, incluyendo redes de pesca, sogas, plásticos e incluso residuos con etiquetas de origen extranjero.
El peligro de la «pesca fantasma»
Los restos de redes y líneas de pesca son trampas mortales. Mamíferos marinos, aves y tortugas sufren enredos, asfixia, lesiones graves y restricciones para alimentarse. A escala ambiental, el plástico no solo daña la fauna, sino que altera el sustrato marino y genera severas pérdidas económicas para la actividad pesquera legal y el turismo.
“La tecnología nos permite pasar de la reacción a la acción preventiva”, señala Belén Arce, de Accenture Argentina. “El verdadero valor de soluciones como GhostNetZero radica en la colaboración: permite que institutos de investigación, universidades, empresas y el sector público suban datos de sonar mediante una interfaz sencilla para que la IA escanee, identifique áreas sospechosas y valide los objetivos de recuperación. En un país con la extensión marítima de la Argentina, la inteligencia colectiva potenciada por la tecnología es la llave para escalar el cuidado ambiental y defender, con datos precisos, nuestro patrimonio natural”.
Resultados que inspiran un cambio global
En sus fases de implementación en el hemisferio norte, la plataforma demostró su alta eficiencia: 35 toneladas de redes fantasma ya fueron recuperadas en el Mar Báltico y el modelo de IA opera con un ~95% de precisión en la detección. Hasta el momento, se donaron más de 127 horas de sonar por parte de centros de investigación y empresas para alimentar el algoritmo.
La experiencia demuestra que la colaboración entre organizaciones del tercer sector, consultoras tecnológicas como Accenture y gigantes de la nube como Microsoft puede transformar radicalmente la salud de los océanos, ofreciendo un modelo escalable y eficiente para que Argentina lidere la innovación ambiental en la región.



