Un campo rinde más si se destina el 20% de su superficie a la vida silvestre

campo

Para el científico Lucas Garibaldi, los seres humanos tratan al planeta como si fueran inquilinos que han entrado y rompen las cañerías de luz, aire y agua de una casa. En algún momento, todo colapsa y las personas no pueden disfrutar el lugar. A nivel global, la humanidad enfrenta una gran crisis. Se han destruido ecosistemas, y ahora es muy difícil que muchas personas puedan llevar adelante una vida de calidad.

Pero Garibaldi -que tiene 39 años y es director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural, dependiente del Conicet y de la Universidad Nacional de Río Negro en Bariloche- sostiene que aún hay esperanza. Ha participado en la elaboración de evaluaciones para el Panel Intergubernamental de Biodiversidad (IPBES) y contó detalles de las prácticas y las tecnologías que se pueden emplear para llevarse mejor con el planeta y dar más bienestar a más personas en base a sus investigaciones.

P- ¿Con qué se enfrenta hoy la humanidad?

R- En 2018, cuando murió mi padre de manera súbita me dejó algo de herencia. Tuve que tomar una decisión: puedo cuidarla y pasársela a mi hijo o la puedo destruir en poco tiempo. Hoy la humanidad también se enfrenta con un desafío similar. Recibió una herencia que en ecología la llamamos “capital natural”. Podemos cuidar ese capital para que nuestros hijos y nietos también puedan disfrutar de las cosechas o destruirlo en el corto plazo. Cada uno tiene que pensar qué elige.

P- ¿Qué busca con sus investigaciones?

R- Hemos publicado más de un centenar de artículos. Varias han sido publicadas en revistas como Science o Nature. Uno de los objetivos es demostrar con base científica la importancia de los cambios que pueden realizar los actores políticos, los productores y los consumidores para mejorar la alimentación y la calidad de vida. Esos cambios pueden promover la biodiversidad, que incluye la diversidad de seres vivos que habitan el planeta. Otros trabajos han reportado los beneficios que la naturaleza le brinda a los seres humanos.

P- ¿Pero los actores políticos leen los trabajos científicos?

R- Cada trabajo es el resultado de la comunicación de un nuevo conocimiento. Pero nosotros no nos quedamos solo en la publicación de papers. Queremos aportar a la vida de las personas con nuevas innovaciones. Por eso, intentamos conectar con los productores, y otros actores relacionados. Por ejemplo, soy miembro del consejo directivo de la Asociación Mundial de Apicultores.

P- ¿Qué hace allí?

R- Compartimos nuestros resultados con los productores, y ponemos la innovación como foco. No sólo compartimos nuestros trabajos. Nosotros también aprendemos de los apicultores, porque ellos cuentan con conocimientos y experiencias que los científicos no tenemos.

P- ¿Algo está cambiando?

R- Se ha trabajado en el marco del paradigma de que la producción agropecuaria estaba lejos de la naturaleza, con el monocultivo principalmente. Pero ese paradigma ya está caduco porque ha generado pérdida de la biodiversidad y perjudica a los seres humanos también. Muchos años atrás, ibas por la ruta en la región pampeana y el auto se te llenaba de bichos. Ahora, en cambio, no pasa nada. Porque el uso de agroquímicos afectó las poblaciones de seres vivos en zonas agropecuarias. En cambio, ahora vamos hacia un cambio de paradigma con prácticas agropecuarias más sustentables. Se puede producir más con la diversidad de cultivos. Se puede desarrollar el cultivo de servicios. Esto significa que antes de sembrar, se pone otro cultivo para proteger al suelo y eso hace que haya menos maleza. Por ejemplo, se puede sembrar “vicia”, como nutriente del suelo.

P- ¿Qué más se puede hacer?

R- Otro cambio puede ser destinar el borde del campo al cultivo de diferentes especies, con plantas con flores.

P-¿Qué beneficios tiene la adopción del nuevo paradigma?

R- Varios. Se reduce el riesgo de inundaciones. Se provee más polinizadores a los cultivos y hay más insectos que sirven para controlar las plagas de los cultivos. Así se reduce el uso de agroquímicos y se abaratan costos para los productores. Son formas de producir sin destruir el ambiente, y eso permite producir en el corto y en el largo plazo. En el paradigma con monocultivo, el productor tiene resultados en el corto plazo. Pero a largo plazo el monocultivo tiene consecuencias negativas porque las malezas se vuelven resistentes a los agroquímicos y eso obliga a usar más cantidades y más gastos para los productores.

P-¿El cambio llevará a más bienestar para la gente?

R- Sí. Trabajamos en el concepto de una sola salud. Buscamos una armonía entre el cuidado de los servicios que nos da la naturaleza, que dependen de que haya diversidad de vida. Se benefician otros seres vivos y nosotros. Con otros científicos estamos alertando que hay que tener metas ambiciosas hoy porque el problema es grave. Si bien hubo más experiencias de chacras que producen más sin destruir el ambiente, la cantidad es insuficiente.

P- ¿Por qué?

R- Porque la tasa de destrucción de la naturaleza es más alta que la tasa de ejemplos positivos a nivel global.

P-¿Se trabaja para frenar esa tasa de destrucción?

R- En 2011 se habían establecidos objetivos para restaurar la biodiversidad a través de la Convención Biológica para la Biodiversidad. Pero los objetivos no se cumplieron. Ahora se están discutiendo de nuevo. Considero que debería haber metas claras y ambiciosas para no seguir destruyendo el planeta. No sólo hace falta que se establezcan más áreas protegidas naturales, como las reservas provinciales y los Parques Nacionales, sino también que los productores fijen al menos el 20% de sus hectáreas para la vida de especies silvestres. Un campo o una chacra rinde más si se destina al menos el 20% de su superficie a proteger la vida silvestre. Así ayudarán en la restauración

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