En la cordillera de Mendoza y Neuquén, tres complejos volcánicos se encuentran bajo alerta amarilla tras detectarse un aumento en su actividad. El Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) emitió la advertencia luego de registrar sismos, deformaciones en la corteza terrestre y anomalías térmicas captadas por satélite. Aunque no se trata de una erupción inminente, las señales apuntan a una etapa de vigilancia reforzada.
Las zonas afectadas incluyen el complejo Planchón-Peteroa, en el sur mendocino, cercano a Las Loicas, Malargüe y Las Leñas; el complejo Laguna del Maule, entre Mendoza y Neuquén; y el complejo Puyehue-Cordón Caulle, ubicado en Chile pero con potencial impacto en Argentina. Cada uno presenta indicadores que, de intensificarse, podrían derivar en actividad eruptiva de baja a moderada magnitud.
En el Planchón-Peteroa se registra un incremento en la actividad sísmica interna, posiblemente vinculada al movimiento de fluidos en su interior. Aunque la actividad superficial sigue limitada, este patrón aconteció ciclos eruptivos con emisión de ceniza. El Segemar advierte que no se pueden descartar explosiones súbitas que afecten el entorno cercano.
En el complejo Laguna del Maule, el aumento de la sismicidad se combina con una acelerada deformación del terreno, de hasta 4,2 cm por mes. Este fenómeno, sumado a enjambres sísmicos localizados, sugiere acumulación de magma a poca profundidad. Por su parte, el Puyehue-Cordón Caulle presenta movimientos sísmicos moderados, levantamiento del terreno y una reciente anomalía térmica.

Prevención y respuesta ante el riesgo volcánico
La alerta amarilla implica que los volcanes muestran cambios en su comportamiento que podrían evolucionar hacia una erupción. Ante este escenario, las autoridades recomiendan mantenerse alejados de los cráteres activos, seguir los reportes oficiales y revisar los planes de contingencia en localidades cercanas.
En Argentina, el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) centraliza las medidas de prevención, que incluyen rutas de evacuación, provisión de elementos de protección respiratoria y protocolos de refugio frente a la caída de ceniza. La coordinación entre organismos de seguridad y comunidades locales resulta clave para minimizar riesgos.
Además, se sugiere que pobladores y visitantes se informen previamente antes de acceder a zonas cordilleranas, respetando las indicaciones de guardaparques y Defensa Civil. La experiencia de erupciones pasadas, como la del Puyehue en 2011, demuestra que la ceniza puede afectar cultivos, reservas de agua y transporte aéreo.
Más allá de la alerta amarilla: otras formas de hacer ecoturismo
El turismo de naturaleza no tiene por qué limitarse a áreas volcánicas. Argentina ofrece una amplia red de destinos para el ecoturismo seguro, como reservas naturales, humedales, parques nacionales y estancias dedicadas a la conservación. En ellos es posible realizar senderismo, avistaje de aves, recorridos en bicicleta y navegación en ríos o lagos, siempre bajo prácticas de bajo impacto ambiental.
Otra opción es el turismo rural comunitario, que permite conocer culturas locales, aprender sobre producción sustentable y contribuir directamente a las economías regionales. Estas experiencias, además de seguras, fomentan la preservación de los recursos naturales y fortalecen la identidad cultural de cada región.
El avistaje de fauna marina en Península Valdés, las caminatas por los Esteros del Iberá o la exploración de glaciares en Santa Cruz son ejemplos de propuestas que combinan disfrute, educación ambiental y respeto por los ecosistemas. El objetivo es disfrutar de la naturaleza sin dejar huella negativa.

Argentina y sus volcanes
En territorio argentino existen cerca de 38 volcanes activos o potencialmente activos, la mayoría distribuidos a lo largo de la cordillera de los Andes, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. Muchos forman parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una franja geológica con intensa actividad sísmica y volcánica.
Provincias como Catamarca, La Rioja, Mendoza, Neuquén y Santa Cruz concentran gran parte de estos macizos. Algunos, como el Lanín o el Copahue, son también importantes atractivos turísticos. Otros permanecen en áreas remotas y de difícil acceso, donde su monitoreo depende de tecnología satelital y estaciones sísmicas.
El conocimiento y la vigilancia constante son fundamentales para anticipar riesgos y planificar acciones preventivas. Así, Argentina combina ciencia, gestión del riesgo y educación ambiental para convivir con estos gigantes naturales de manera más segura.



