Buenos Aires: analizan bacterias contra la contaminación ambiental

Los compuestos orgánicos vertidos a los ecosistemas desde fuentes industriales, urbanas o agrícolas ocasionan serios riesgos ambientales. A fin de disminuir las causas que provocan contaminación, expertos en Higiene y Sanidad de la Universidad de Buenos Aires desarrollan estrategias de bajo costo y alta eficacia que podrían ser aplicadas, en un futuro próximo, al pretratamiento de efluentes contaminados, antes de ser vertidos a los cursos de agua.

 
Por varias décadas, los expertos mundiales en control de la contaminación ambiental se concentraron en estudiar y buscar estrategias de detoxificación y de biorremediación de los contaminantes químicos más “pesados”, como los contaminantes apolares, tóxicos, persistentes (COPs) y bioacumulables, por ejemplo, los hidrocarburos aromáticos policíclicos, los policlorobifenilos (PCBs) o las dioxinas.
 
Sin embargo, en el último decenio, gracias al desarrollo de nuevos métodos de análisis, que son notablemente más sensibles, se ha podido detectar la presencia de otros contaminantes, potencialmente peligrosos, que se conocen como emergentes, y de los que aún se sabe poco y nada. Así, por ejemplo, algunos desinfectantes y medicamentos de amplio uso.
 
Investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires estudian bacterias aisladas en aguas de ríos altamente contaminados de Buenos Aires, capaces de degradar y detoxificar cloruro de benzalconio y medicamentos de uso masivo, contaminantes que se conocen actualmente como “emergentes”; y también capaces de transformar metales pesados, tal el cromo. Como parte de los desarrrollos, generaron un reactor económico y de diseño sencillo.
 
El cloruro de benzalconio, un detergente tensioactivo de uso cotidiano, se analiza especialmente por su capacidad de generar, junto a los antibióticos, resistencia en cepas antes sensibles.
 
Un segundo tema de estudio de los investigadores de la UBA, y que consiste actualmente en una preocupación mundial, es la contaminación emergente por descarte de fármacos encontrados en aguas superficiales. Realizan ensayos de biodegradabilidad sobre un grupo de cinco medicamentos de uso frecuente con efectos analgésicos, como el ibuprofeno, el diclofenac y el naproxeno; anticonvulsivantes, como la carbamacepina; y un hipolipemiante, como el clofibrato.
 
El estudio de estos contaminantes está entre las líneas de investigación prioritarias de los principales organismos dedicados a la protección de la salud pública y medioambiental, tales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA) de los EE.UU., entre otras instituciones.
 

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