Buenos Aires: vandalizaron el 70 % de las nuevas campanas verdes en solo 3 meses

Mientras en las campanas verdes sigue apareciendo basura y el 70 % ya fueron vandalizadas, hay 200 edificios en Palermo donde los vecinos separan los residuos y los encargados le entregan en mano lo que sirve al cartonero de su cuadra. En algunos también apartan restos orgánicos para hacer compost. El contraste es enorme con la actitud de quienes tiran hasta bolsas de ropa en buen estado en los contenedores negros, reservados para lo irrecuperable. A casi tres meses de su comienzo, éstas son las luces y las sombras del programa de separación en origen de residuos del Gobierno porteño.

 
El mayor problema, según verificó Clarín en una recorrida, es que muchas campanas verdes están sin candado o fueron violentadas. Y en algunos casos, hasta fueron usadas por gente en situación de calle para dormir. Por ejemplo, la de Bulnes 2080 estaba abierta y desbordaba basura que olía a podrido. Lo mismo ocurría con la de Córdoba al 5900 y con la de Humboldt y Charcas. La de Arenales y Julián Alvarez tenía la puerta arqueada a la fuerza, como la de Humboldt y Nicaragua. Y en la de Migueletes al 1200, había más basura afuera que adentro.
 
“El 70% de las campanas verdes sufrió vandalismo –reconoce Javier Ureta, director general de Reciclado del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño–. Vamos a mejorar la seguridad de las puertas. Además, cuando los vecinos las ven abiertas tiran basura común adentro que no pasaría por la abertura. También es importante que la gente tenga un trato directo con el cartonero. Y que saque la basura sólo de 20 a 21”. Esto último, según el funcionario, impedirá que los recuperadores informales rompan las cerraduras para llevarse los materiales.
 
El programa arrancó el 7 de agosto en 84 manzanas de Palermo, la Comuna 14, ubicadas entre Juan B. Justo, Santa Fe, Dorrego y Córdoba, donde se distribuyeron 103 campanas. Ahora ya suma 323 manzanas, 441 campanas y otras tres áreas. Una está delimitada por Coronel Díaz, Santa Fe, Libertador y Godoy Cruz; otra entre Libertador, Dorrego, Zabala y Amenábar, y una cuarta entre Malabia, Godoy Cruz, Santa Fe y Córdoba. Antes de fin de año se llegará a las 805 campanas en las comunas 2, 6, 7 y 13. Y para 2015, el sistema se extenderá a toda la Ciudad.
 
Hoy los cartoneros (formales e informales) recuperan 600 toneladas por día y el objetivo es llegar a 1.000.
 
Las campanas verdes tienen una abertura para que los vecinos tiren los materiales reciclables, como papel, cartón, vidrio, metal, plástico o telas. También una puerta que, cuando no fue forzada, está cerrada con candado. La llave está en manos del cartonero que, rebautizado como “promotor ambiental” y enmarcado en una cooperativa, tiene a su cargo cuatro cuadras y dos columnas. Cada uno recorre su zona de 18 a 22 y, además, va recibiendo en mano más materiales que les entregan los vecinos y los encargados de edificios. Por su tarea cobra $ 4.500. Después, su cooperativa lleva lo recuperado a uno de los siete centros verdes que hay en la Ciudad.
 
“El balance del programa es positivo –dice Ureta–. Algunas cooperativas están más involucradas y en sus zonas el sistema funciona mejor, y a otras les cuesta administrarse. La gente está empezando a separar más. El cartonero ya no puede abrir bolsas y está recogiendo cada vez más cosas ya separadas. Y no usa más carro, sino un bolsón. Eso agiliza el tránsito”.
 
Aparte de las cooperativas El Amanecer de los Cartoneros (MTE) y El Ceibo, hace 15 días se incorporó Las Madreselvas, que se ocupa de 86 manzanas con 144 campanas verdes, donde recolecta unos 65 bolsones por día. “Estamos hablando con los vecinos para que reciclen lo más posible. Para el recuperador, este sistema es un avance, porque no se sacrifica tanto como antes, que tiraba de un carro con 300 o 400 kilos y caminaba 50 cuadras por día. Ahora trabaja cuatro horas y recibe un sueldo digno”, evalúa Carlos Mansilla, titular de la cooperativa.
 
“Los vecinos ya están concientizados –afirma Oscar López, encargado de un edificio de Arenales al 3500–. Me dan separadas las cosas que sirven, como latas y botellas, o se las entregan directamente al cartonero, porque ya lo conocen”. El recuperador asignado a esa cuadra es Daniel. “Me dan cosas en mano, pero si antes juntaba tres bolsones, ahora lleno la mitad –afirma–. La abertura de las campanas es chica y hay materiales que no pasan. La gente los deja afuera y se los llevan otros cartoneros”.
 
Además, hay gente que pone basura no reciclable en las campanas. “Tiran mucha mugre, encontrás cosas podridas –se queja Roberto Valenzuela mientras recorre Niceto Vega con su bolsón–. Encima, algunos en vez de donar la ropa o ponerla en la campana la tiran en los contenedores negros”. “Hasta mierda de perro encontré –cuenta Dora Torres, en Olleros al 2200–. La tiran ahí por maldad. Pero también es verdad que hay porteros que me dan el papel o las botellas directamente a mí”.
 
“Hay que separar los residuos en origen y con eso no hay vuelta atrás –insiste Ureta–. Con el tiempo, quienes no lo hagan van a recibir intimaciones. Por ahora apostamos a que la gente se involucre y entienda que es parte del problema y de la solución”.

Clarín

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