Chubut: se triplicó el turismo para ver a los pingüinos pichones en Punta Tombo

“No pensamos que íbamos a poder estar tan cerca. Es una sorpresa para nosotras. Y los estamos disfrutando”. María y Fernanda Linares son de Córdoba. Y como muchos otros turistas dan muestras de asombros cuando se dan cuenta que casi pueden tocar a los pingüinos que andan sueltos por los miles de metros cuadrados que tiene la reserva o prolongan su estancia en el mar buscando alimentos. La reserva de Punta Tombo está colmada de ejemplares. Se calculan unos 600 mil. Y aún falta llegar los juveniles. Por eso fue uno de los destinos preferidos en este fin de semana largo que termina hoy.

 
Pero la gran atracción para los visitantes son los pichones recién nacidos. Permanecen en los nidos bajo la custodia y el calor de sus madres y se asoman apenas cuando algún turista se acerca para tomar una fotografía. Sí, están con mucho trabajo: se calculan que unas 10 mil personas habrán pasado en estos tres días por la reserva, el triple de lo normal para un fin de semana.
 
Punta Tombo es la reserva continental más importante del pingüino de Magallanes. Está ubicada a 105 kilómetros de Trelew. Allí llegan todos los años en setiembre para reproducirse y cambiar el plumaje. Permanecen hasta fines de marzo. En febrero se llegará a la cantidad máxima, cuando se contabilice un millón de ejemplares.
 
La gente recorre las pasarelas de madera en forma lenta. La temperatura es alta en Punta Tombo en esta época del año. Y así como algunos turistas se asombran por la cercanía de los ejemplares, otros expresan otras sorpresas: “Pensábamos que nos íbamos a encontrar con un lugar lleno de nieve”, dice Ismael, un español del centro de Madrid.
 
Las pasarelas están ubicadas a pocos centímetros del piso y la gente puede ver cada movimiento de los pingüinos que con su andar elegante, estilo Chaplin, despiertan admiración. En general son amables con la gente, siempre y cuando nadie trate de invadir sus nidos. Hay además una estricta vigilancia de parte de los guardafaunas para que el turista no rompa una regla de oro: no tocarlos.
 
De todas maneras, los pingüinos que regresan del mar con comida se salen de su sendero y caminan entre las personas sin darles mayor importancia. Conseguir la alimentación es la principal tarea de los machos. Las hembras llegan para poner los huevos, incubarlos y una vez que nacen, cuidar a los pichones. Siempre tendrán la misma pareja a lo largo de toda su vida, ya que la especie es monogámica.
 
“Estamos teniendo ingresos de hasta 1.500 personas por día los días de semana pero ahora esa cifra casi se triplicó por el fin de semana largo”, le dijo a Clarín Juan Carlos González, jefe de los guardafaunas de la reserva que recibió también a mucha gente que llegó para ver la competencia del Turismo Carretera nacional que se corre en el Autódromo Mar y Valle de Trelew.
 
En Tombo, la gente puede disfrutar también de un excelente paisaje y de la unión de varias especies: las cámaras de los turistas registran a los pingüinos caminando cerca de grandes guanacos o de la mara, nombre con el que se conoce a la liebre patagónica. “Son las mejores fotos”, aseguran María y Fernanda mientras caminan hacia uno de los pocos refugios del sol que tiene la reserva: la temperatura ahora sobrepasa los 30 grados, pero las imágenes congeladas en sus cámaras fotográficas parecen contrarrestar el agobio, como promesa del recuerdo de una experiencia única.

Clarín

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