Cuatro usos de la celulosa que contribuyen a la sostenibilidad más allá de sustituir las bolsas de plástico

Adiós al plástico, especialmente al de un solo uso. Ese es el lema que, en los últimos años, se ha implantado a nivel nacional e internacional. El mensaje lo asume la sociedad en su conjunto, pero también lo hacen de manera personalizada las instituciones públicas y empresas.

El objetivo, encontrar sustitutos más sostenibles, sobre todo en aquellos productos de nuestro día a día. Es aquí donde entra en juego la celulosa, una de las alternativas más frecuentes.

Normalmente, la vemos asociada a la labor de sustituir las clásicas bolsas de plástico, pero lo cierto es que hay usos sostenibles que van más allá de dicho ejemplo. Estos son algunos de ellos:

1. Bandejas de uso alimentario

Quizás uno de los más frecuentes en comedores de empresas, colegios, hospitales, etc. El empleo de plásticos en bandejas de comida no solo produce residuos, sino que además es innecesario teniendo en cuenta que ya hay alternativas. Es por ello que en los últimos años han surgido las hechas a partir de celulosa, que sirven igualmente de repositorio para la comida pero sin generar los desechos de las tradicionales.

Estos objetos hechos con celulosa pueden soportar el contacto directo con la comida. Además, ofrecen un empleo más allá de su soporte o su transporte, ya que algunas bandejas incluso pueden ser usadas en horno, microondas o congelador sin verse afectadas por el calor ni por el frío. De este modo, igualan los usos del plástico y en ocasiones incluso los superan. En este sentido, Ence y PackBenefit han desarrollado conjuntamente bandejas para alimentos y destinadas a restauración colectiva (como comedores escolares y de trabajo) o para alimentos preparados (‘food-to-go’). Estas están elaboradas con fibras naturales, compostables, fácilmente reciclables y sustitutivas de otras realizadas con materiales plásticos. Este material, además, preserva la conservación del producto, con lo que también se evita el desperdicio de alimentos.

2. Papel tisú

Quizá no te suene su nombre, pero llevas utilizándolo toda la vida. El papel tisú, hecho a partir de la pulpa de la celulosa, cuenta con una textura suave y un grosor más o menos abultado dependiendo del fin que se le vaya a dar. Es el que podemos encontrar, por ejemplo, en los pañuelos o en el papel higiénico. Además, en algunos casos como el papel de cocina, su grosor y composición le permite contar con una ventaja añadida: su capacidad de absorción de líquidos. De nuevo, se trata de un material biodegradable y natural, procedente de una fuente renovable como la madera. Desde esta firma española llevan años proporcionando celulosa para su elaboración. Concretamente, la celulosa Ence Naturcell, a la que recurre LC Paper para elaborar todo tipo de papel tisú y papeles de ‘packaging’ no blanqueados, que presentan no solo menos consumo de madera, sino también insumos no renovables, agua y energía en su proceso de producción y, por tanto, una menor huella de carbono. Es, asimismo, la primera pasta de mercado en obtener la declaración ambiental de producto certificada por Environdec.

3. Recubrimiento de ‘packaging’

Todos estamos acostumbrados a hacer compras por internet, con lo que esta escena nos resultará familiar: nos llega el paquete a casa y, con suerte, solo vendrá en un cartón como envoltorio. Si no tenemos tanta suerte, habrá seguramente varios plásticos. Si a eso le sumamos la huella de carbono generada por la furgoneta que nos ha traído el pedido, el daño al medioambiente resulta claro.

Para minimizar este impacto, surge la aplicación de celulosa al ‘packaging’, que genera un embalaje con menor impacto ambiental. Dicho embalaje, por otro lado, es resistente al contacto con el producto que hay en su interior y a condiciones atmosféricas de lluvia. Este es el caso de la compañía Guarro Casas, especializada en la fabricación de papeles para el recubrimiento de ‘packaging’ de lujo y libros. Este productor se ha asociado con la empresa de celulosa para diseñar una gama de productos de material de recubrimiento con características similares al PVC. Se trata de papeles con propiedades hidrófugas, es decir, que evitan la humedad y el agua, y que son utilizados, por ejemplo, en las cartas de restaurantes, ya que repelen la suciedad. También se elaboran con pasta de celulosa papeles metalizados, artísticos y pintados, que vienen a completar un abanico de alternativas a partir de fibra natural procedente de la madera, así como todo tipo de embalaje que sustituye a los tradicionales plásticos.

4. Pajitas, platos o vasos de cartón

A mediados de 2021, la Unión Europea elaboró una normativa por la que limitaba de manera drástica los plásticos de un único uso en todo su territorio: quedaba prohibida la fabricación y venta de este tipo de material, los países se comprometían a recuperar el 90% de las botellas de plástico en 2029 y el 30% de dicho plástico debería ser reciclado para el año 2030, entre otras obligaciones.

Esta nueva legislación venía a sostener una de las tendencias más evidentes en los últimos años: el abandono de los plásticos en productos como las pajitas, los platos, los cubiertos y los vasos. A día de hoy, cada vez son más los fabricantes que proponen el empleo de celulosa en este tipo de accesorios.

La tendencia, evidentemente, también ha llegado a los establecimientos. En el caso de los restaurantes de comida rápida, sin ir más lejos, ya hay diversos casos en que las habituales pajitas de plástico han sido sustituidas por otras de papel o de cartón.

Puede parecer un gesto pequeño, pero teniendo en cuenta el uso intensivo que se hace de dichos productos en hostelería, el cambio genera un impacto ambiental muchísimo menor que antes. También se ha apuntado este tanto la cadena hotelera B&B Hotels, que retiró en 2019 todos sus plásticos de un solo uso. El agua ahora se embotella en cartón fabricado con un 70% de materia renovable, mientras que los vasos son de papel.

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