Un equipo de investigadores identificó en la provincia de Río Negro un bosque petrificado con una antigüedad estimada de alrededor de 50 millones de años, un hallazgo que abre una nueva ventana para comprender la evolución ambiental de la Patagonia.
El descubrimiento se produjo en un sector de la estepa rionegrina, donde afloran numerosos troncos fosilizados que conservan gran parte de su estructura original. A pesar del paso de millones de años, estos restos mantienen detalles anatómicos que permiten estudiar las condiciones naturales del pasado.
Además, los primeros análisis sugieren que los ejemplares corresponden al período Eoceno, una etapa geológica caracterizada por temperaturas más elevadas y ambientes considerablemente más húmedos que los que predominan actualmente en la región.
Gracias a esta evidencia, los científicos buscan reconstruir cómo eran los paisajes patagónicos cuando extensos bosques cubrían áreas que hoy forman parte de ecosistemas áridos y semiáridos.

Un registro natural de los cambios climáticos de la Tierra
Los especialistas explicaron que la conservación de estos árboles fue posible gracias a procesos geológicos excepcionales. En aquel tiempo, la actividad volcánica desempeñó un papel fundamental para preservar la vegetación.
En ese contexto, los árboles quedaron rápidamente cubiertos por sedimentos y cenizas volcánicas. Posteriormente, el material orgánico comenzó a ser reemplazado de manera gradual por minerales, principalmente sílice, sin alterar la forma original de los troncos.
Como resultado, se generó un extraordinario archivo natural capaz de aportar información sobre la composición de los antiguos bosques, las características del clima y la dinámica ambiental de la Patagonia durante el inicio de la era Cenozoica.
Asimismo, el hallazgo permitirá comparar las condiciones ecológicas de hace millones de años con los procesos de cambio climático que afectan actualmente a los ecosistemas del planeta.
Cómo era este bosque petrificado y qué información conserva
Los bosques petrificados son conjuntos de árboles fosilizados que quedaron preservados por procesos naturales de mineralización. Aunque la madera original desaparece, su estructura queda reemplazada por minerales que mantienen los detalles microscópicos del tejido vegetal.
En muchos casos, estos fósiles permiten identificar especies, analizar anillos de crecimiento y determinar las condiciones ambientales en las que se desarrollaron. Por ello, constituyen una herramienta clave para la paleobotánica y la paleoclimatología.
En Patagonia existen algunos de los bosques petrificados más importantes del mundo, ya que la intensa actividad volcánica registrada durante millones de años favoreció la conservación de grandes extensiones vegetales.
Además, estos sitios permiten conocer la biodiversidad de épocas remotas y comprender cómo respondieron los ecosistemas a transformaciones climáticas de gran magnitud.

Un patrimonio científico de gran valor para la conservación
Los estudios preliminares indican que el nuevo yacimiento posee características que podrían convertirlo en un punto de referencia para futuras investigaciones científicas.
Por otra parte, la abundancia y calidad de los ejemplares hallados ofrecen una oportunidad única para profundizar el conocimiento sobre los ambientes que dominaron Río Negro durante el Eoceno.
Mientras avanzan las tareas de campo, los investigadores continuarán analizando la edad exacta de los fósiles, las especies presentes y las condiciones ecológicas que favorecieron su preservación.
De este modo, el bosque petrificado emerge como un valioso patrimonio natural capaz de aportar información esencial sobre la historia climática de la Patagonia y reforzar la importancia de proteger los sitios geológicos que conservan la memoria ambiental del planeta.



