Gracias al estado de conservación, los investigadores pudieron comparar la fisiología del sistema nervioso central del antiguo artrópodo con las actuales.
El descubrimiento pone en duda la teoría de que los animales aparecieron en la Tierra tan solo después de que la atmósfera y los océanos recibieran una importante inyección de oxígeno.
El estudio sugiere que los microplásticos terminan en hotspots de biodiversidad en el océano, donde pueden ingresar fácilmente y alterar el ecosistema marino.