La postal invernal de la Patagonia por el Camino de los Siete Lagos

No se requieren vehículos especializados para transitar, aunque en temporada de nieve debe ser muy alta la precaución e incluso consultar porque la ruta puede estar cerrada.

 
De lo contrario, el viaje se lleva con calma y permite de esta forma ir apreciando el paisaje repleto de colores, el cerrado bosque por esta época más amarillento que nunca, altos picos montañosos algunos de ellos ya  pintados de blanco, escondites esperando ser descubiertos y extensas playas para el relax y el aire puro.
 
El primero de los lagos que aparece al dejar el Nahuel Huapi es el Espejo, característico por el reflejo que puede verse los días menos ventosos por el encajonamiento que naturalmente provocan las montañas.
Un mirador desde donde pueden sacarse extraordinarias fotografías, disfrutar de un pic nic y -en caso de desearlo- hasta un acampe en medio del silencioso bosque. El siguiente es el Espejo Chico, a unos dos kilómetros de la ruta principal. Es fácil identificarlo porque previo a la curva de desvío hay un puente y una antigua hostería actualmente en desuso.
 
Si se sigue el recorrido, se abrirá ante la vista uno de los más grandes lagos del circuito, el Correntoso, repleto de bahías y playas para un nuevo descanso. La próxima parada será para apreciar el río Pichi Traful, uno de los tantos brazos del lago homónimo al que también puede accederse, y donde es posible disfrutar de un día de camping con actividades para la aventura.
 
Más adelante, el Lago Escondido de intensos colores y recortado por abundantes coihues milenarios. Esta zona está comprendida por unos 50 kilómetros, que si bien hoy son de ripio hay máquinas trabajando para llevar pronto el asfaltado de mayor accesibilidad, tal como presenta el resto del tramo hacia a San Martín de los Andes.
 
Muy cercano a la ruta verá el Falkner, con una sucesión de playas de arena que arrojan un panorama diferente al de los lagos patagónicos, en su mayoría con costas más rocosas. Previamente, también el lago Villarino, unidos ambos por un estrecho río que los hermana.
 
El Parque Nacional Lanín se va acercando y entre las últimas paradas está la cascada Vulignanco; el Lago Hermoso, con una amplia área de servicios que actualmente ofrece al visitante bar, alojamiento y cabalgatas guiadas; las lagunas Pudú Pudú y Fría; y, casi enseguida, el Mirador del Machonico.
 
A mitad de camino, uno de los desvíos conduce por la ruta 65 a Villa Traful, al pie del encantador y frío lago que lleva este mismo nombre. Son apenas 27 kilómetros un poco más zigzagueantes y en ascenso que desembocarán en un apacible poblado.
 
El territorio parece haber sido tocado por una varita mágica e impacta por su natural escenario rodeado de radales, cipreses y retamos; así como el intenso turquesa de las aguas, asiduamente visitadas por los amantes de la pesca deportiva. Entre los atractivos está el Mirador del Viento, un acantilado de casi 80 metros de altura, saliendo de la villa unos 5 kilómetros hacia el camino que va a Confluencia.
 
Más cerca de San Martín de los Andes es posible sumar otros recorridos atractivos e interesantes como el balneario Catitre o Quila Quina, desde donde se podrá apreciar el cordón Chapelco, uno de los cerros más elegidos de la Patagonia para deportes de nieve.
 
También, el Mirador Pil Pil permitirá apreciar toda la grandeza del Lago Lácar que llega hasta la ciudad misma.
 
Y, por último, el Mirador del Arroyo Partido que por esas razones que sólo la naturaleza puede explicar al descender las aguas del deshielo se chocan con un cauce de piedras que las divide en dos brazos bien diferenciados. Uno de ellos en dirección al Atlántico y otro al Pacífico.

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