Neuquén: sobre una canoa, son muchas formas de disfrutar en Villa La Angostura

A pocos minutos del centro de esta ciudad patagónica están los lagos Nahuel Huapi, Correntoso, Espejo y Espejo Chico, con sus islas, playas y bahías, y el río Limay, con circuitos para expertos y para recién iniciados.

 
Los fanáticos lo practican todo el año en cualquier condición climática, pero en invierno y primavera hay más agua y buenas corrientes, aunque en la estación fría la temperatura es justamente muy baja para los turistas y en verano puede faltar agua, por lo que es esta época la mejor para la actividad.
 
En los ríos de rápidos, conviene el kayak, que abriga de la cintura para abajo en el casco, ya que uno no se sube sino que se mete en el cockpit o bañera, a cuyo borde se ajusta una ‘pollerita’ que impide el ingreso de agua.
 
Estos paseos no tienen tramos de larga duración, tanto porque la velocidad del agua hace que terminen pronto como por el esfuerzo que demandan, y el placer está en la lucha por mantenerse a flote en las duras condiciones de esos cursos de agua de montaña sembrados de rocas, remansos y saltos.
 
Las canoas -o ‘kayak sit on top’- son abiertas y si bien con ellas se puede también pelear contra un lago picado por el viento, son ideales para deslizarse suave y lentamente por los espejos de agua o los ríos calmos durante largos ratos sin gran esfuerzo.
 
En ambos casos está también el placer de sentirse dentro del agua, ya que medio cuerpo va debajo de la línea de flotación, y especialmente el kayak no se siente como un vehículo sino como una vestimenta o hasta casi parte del cuerpo.
 
Estas sensaciones fueron comprobadas durante una de las típicas excursiones lacustres, de unAs siete horas, que realizó Télam desde Bahía Kraft, con desembarco en la isla de La Guardia Mayor y retorno a La Angostura por Bahía Manzano.
 
La travesía estuvo a cargo de Peter Hyland, un reconocido guía náutico y de otras excursiones de la Villa, quien tras las breves instrucciones básicas sobre el manejo del kayak, encabezó la remada por la tranquila bahía Kraft.
 
El agua transparente viraba del azul al verde, con reflejos amarillos por efecto del sol y dejaba ver el fondo de piedras en las zonas playas, y se tornaba oscura al aumentar la profundidad.
 
Desde la desembocadura del río Bonito, frente a Bahía Cumelén, se veían en toda su plenitud los bosques de coihues y ñires, en tanto en el tupido sotobosque verde resaltaban las flores amarillas, violetas y rojas de retamas, lupinos y algunos notros.
 
Cauquenes, biguás, bandurrias y las infaltables gaviotas son algunas de las aves que pasaban indiferentes al grupo de botes y hasta se posaban o nadaban en sus cercanías, en la medida que los excursionistas guardaran silencio y quietud.
 
Ya en la isla Guardia Mayor -frente a la Península Manzano- donde ofreció un almuerzo, Hyland comentó que en enero y febrero los turistas practican snorkell frente a la costa y pueden observar la también nutrida fauna subacuática.
 
Fue en uno de estos paseos en kayak en el que se avistó hace unos años un huillín patagónico, un anfibio en peligro de extinción y muy tímido ante la presencia humana.
 
Ese original avistaje lo documentó con fotos ante autoridades ambientales Pablo Beherán, otro reconocido guía de excursiones lacustres y fluviales, quien ofrece esta opción para el turismo durante todo el año.
 
Sobre el canotaje, dijo que ‘es una actividad 100% segura y la puede practicar gente de cualquier edad -aunque los menores de 12 años deben ir con un adulto- y condición física, acomodando la opción acorde a su estado’.
 
Al respecto, Beherán mencionó que guió excursiones con discapacitados motrices, ciegos y autistas y que hace paseos con el lago cubierto de bruma o lluvia, y el límite son las salidas nocturnas, que no están autorizadas.
 
Consultado sobre los mejores lugares para iniciar un recorrido, consideró que ‘el punto de partida ideal puede ser cualquier lugar donde tengas acceso a la playa y puedas embarcar cómodo y tranquilo, y donde Parques (Nacionales) te permita hacerlo’.
 
Sobre los ríos, aclaró que no está permitido el canotaje en el Correntoso ni en el Ruca Malen, por lo que él básicamente lo hace en el Limay, desde su nacimiento en el lago Nahuel Huapi hasta Yanquín o Confluencia (en este caso es un paseo de un día entero).
 
Beherán también extiende el descenso por el Limay hasta la zona de los embalses, de los cuales el primero, Alicurá, está a unos 100 kilómetros al noreste del lago, en una de las excursiones más caras debido a la logística para pernoctación y alimentación, además del transporte que acompaña en ruta.
 
Otra opción de varios días que combina canotaje con camping son las travesías en las que se duerme en carpas en lugares autorizados de las costas e islas.
 
Si bien el kayakismo en los lagos andino patagónicos fue iniciado en San Carlos de Bariloche, Villa La Angostura fue el primer destino turístico de la zona en ofrecer -a través de Hyland- las salidas en los ‘sit on top’, durante la década pasada.

Télam

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