Los recursos esenciales para la transición ecológica global ha convertido a África en un campo de batalla estratégico como cobalto, litio e hidrógeno verde.
Mientras Europa intenta recuperar terreno frente al dominio chino, comunidades africanas denuncian prácticas coloniales, explotación laboral y devastación ambiental.
El dilema del cobalto congolés
En la República Democrática del Congo (RDC), más del 50% de los autos eléctricos mundiales usan cobalto que son parte de los recursos esenciales extraído en condiciones peligrosas. Mineros artesanales, como Songo, descienden diariamente 130 metros por pozos inseguros: «Algunos compañeros han muerto haciendo este trabajo», confiesa.
Periodistas como Lucian Caosi documentan cómo comerciantes chinos compran el mineral a precios irrisorios, aprovechando vacíos dejados por Europa. «Los chinos dominan casi todo el sector. Europa tiene normas; China trae efectivo», señala Caosi.
Aunque la minería artesanal está prohibida para extranjeros, activistas confirman que hasta el 25% del cobalto mundial proviene de estas minas ilegales de recursos esenciales, mezclado luego con producción industrial.
Namibia y el espejismo del hidrógeno verde con los recursos esenciales
Europa apuesta fuerte por el hidrógeno namibio, con proyectos como Hyphen (inversión de €10.000 millones). Sin embargo, habitantes de Lüderitz, donde el desempleo supera el 50%, desconfían. «Siempre son las mismas promesas. Las corporaciones vienen por nuestros recursos, pero nosotros seguimos sufriendo«, denuncia Erastus Shangula.
El proyecto amenaza el parque nacional Tsau Khaeb —hábitat de 1.000 especies endémicas— y zonas históricas como Shark Island, sitio de un campo de concentración alemán donde murieron 3.000 personas. Ricardo //Gowaseb, promotor de Hyphen, admite tensiones: «Los europeos nos tratan como niños. Queremos sentarnos a negociar como iguales».
Nigeria y sus recursos esenciales: la paradoja del gas «puente»
Tras la invasión rusa a Ucrania, Europa busca gas nigeriano como «energía de transición«. Nigeria exporta €50.000 millones anuales en hidrocarburos, pero la esperanza de vida en el delta del Níger es de apenas 40 años debido a la contaminación. «El petróleo y el gas son una pesadilla. Nos asfixian sin darnos beneficios», afirma el jefe tradicional Bubaralle. Mientras soldados destruyen refinerías ilegales en medio de conflictos con piratas, el activista Nnimmo Bassey (Premio Nobel Alternativo 2010) cuestiona: «Perpetuamos el colonialismo: África como almacén de materias primas«.
Colonialismo con nuevo rostro
«El colonialismo aún está vivo. Puede que ya no tenga ese nombre, pero sigue en la geopolítica y la explotación«, sentencia Bassey. En la RDC, Patricia Cajal documenta cómo minas industriales chinas como Comus desplazan comunidades y contaminan suelos, para extraer los recursos esenciales: «Mis hijos tosen por el aire tóxico. Podría haberme muerto cuando se derrumbó mi casa», relata una vecina. La UE intenta contrarrestar con su Global Gateway (€300.000 millones en proyectos), pero su embajador en Congo, Nicolas Berlanga, reconoce: «Debemos actuar con mayor humildad. África negocia ahora con confianza».
¿Cooperación o competencia?
Alemania insiste en crear cadenas de suministro «éticas», mientras China prioriza velocidad y bajo costo. James Mnyupe, asesor presidencial namibio, sintetiza el dilema: «Cuando dos elefantes pelean, la hierba sufre. Debemos evitar ser esa hierba». Aunque la UE aprobó en 2024 la Ley de Materias Primas Críticas, persiste la contradicción: Europa critica abusos, pero el 75% del cobalto congolés termina en sus baterías. «Es hipócrita denunciar condiciones de las que son beneficiarios«, acusa Cajal.
La transición energética global expone una cruda realidad: la lucha por los recursos africanos repite patrones de explotación, mientras comunidades locales pagan el costo humano y ambiental. Europa enfrenta el desafío de conciliar sus ideales verdes con una geopolítica donde el tiempo y los recursos escasean.




