En las costas del estado de Washington, desde marzo se han encontrado 21 ballenas grises muertas, muchas con aspecto delgado y debilitado.
Según el investigador John Calambokidis, fundador del Cascadia Research Collective, la situación refleja un declive precipitado en las poblaciones de esta especie, que hasta hace poco era considerada un ejemplo exitoso de conservación.
Señales de desnutrición y desorientación
Las ballenas halladas mostraban signos de falta de alimento, sudoración excesiva y comportamientos extraños, como problemas de orientación. Los científicos creen que el derretimiento del hielo en el Ártico está alterando el ciclo de nutrientes que alimenta a los anfípodos, su presa principal.
- Cambio climático: el hielo se derrite más temprano, favoreciendo el crecimiento de fitoplancton en la columna de agua.
- Esto reduce los nutrientes que antes llegaban al fondo marino, afectando la disponibilidad de anfípodos.
- El resultado: menos alimento para las ballenas durante su periodo crítico de alimentación en el Ártico.
Migración y vulnerabilidad
Las ballenas grises del Pacífico nororiental viajan cada año hacia el Ártico para alimentarse durante 4 a 6 meses. Luego ayunan entre 6 y 8 meses mientras migran hacia las lagunas de México para reproducirse. Este ciclo las hace extremadamente dependientes de la productividad del Ártico.
Según el investigador Josh Stewart (Universidad Estatal de Oregon), es improbable que el Ártico vuelva a sustentar a 25.000 ballenas grises como en el pasado. Actualmente, las estimaciones de la NOAA sugieren que la población ha caído de 27.430 ejemplares hace una década a 12.950 en 2025.

Estrategias alternativas de alimentación
No todas las ballenas dependen exclusivamente del Ártico:
- Sounders: unas 12 ballenas que se alimentan de camarones fantasma en el estrecho de Puget.
- Grupo de Alimentación del Pacífico: más de 200 ballenas que pasan los veranos en aguas costeras de California, Oregon, Washington y Canadá.
Estos grupos muestran cierta resistencia al declive general, lo que sugiere que podrían existir estrategias de alimentación alternativas para enfrentar las “tormentas medioambientales” a largo plazo.
Historia de conservación
En el siglo XIX y principios del XX, las ballenas grises fueron devastadas por la caza comercial, reduciéndose a apenas unos cientos de ejemplares. Tras la Ley de Protección de Mamíferos Marinos, la especie se recuperó rápidamente y fue retirada de la lista de especies en peligro en 1994. Sin embargo, los avances ahora parecen desvanecerse.
El hallazgo de 21 ballenas muertas en tres meses refleja un problema estructural ligado al cambio climático y la alteración del ecosistema ártico.
Aunque los científicos no creen que la especie esté en peligro de extinción, advierten que la abundancia actual es mucho menor que en el pasado y que la recuperación se encuentra en un territorio desconocido.



