Frente a las costas del Golfo San Jorge, sobre el borde de la plataforma continental argentina, se encuentra el Agujero Azul, una región única por su sistema de cañones submarinos, su riqueza bentónica y su alta productividad biológica.
El Agujero Azul es utilizada por ballenas, elefantes marinos, pingüinos y especies de alto valor comercial, pero también está expuesta a una pesca internacional sin regulación.
Una zona fuera de la jurisdicción nacional, pero sobre territorio argentino
Aunque el Agujero Azul se encuentra fuera de la zona económica exclusiva (ZEE), forma parte de la plataforma continental extendida reconocida por la ONU en respuesta a una solicitud argentina.
Esto otorga jurisdicción sobre el fondo marino, pero no sobre la columna de agua, donde operan flotas extranjeras con redes de arrastre de fondo, una de las prácticas más destructivas para los ecosistemas marinos.
“Es como ver una ciudad en medio del mar”, recuerda Valeria Falabella, bióloga marina de WCS Argentina, al describir las imágenes satelitales nocturnas que revelaron la magnitud de la pesca en la zona.
Impacto ambiental de la pesca no regulada
La pesca de arrastre en el Agujero Azul:
- Destruye ecosistemas vulnerables, como arrecifes y cañones submarinos
- Captura recursos transfronterizos, como calamar y merluza
- Libera carbono orgánico almacenado en los sedimentos del fondo marino, contribuyendo al cambio climático
“Si hay un accidente hidrocarburífero en esa zona, se contamina el frente productivo y se impacta toda la cadena trófica del Mar Argentino”, advierte Falabella.
Propuesta de área bentónica protegida
Más de 30 organizaciones del Foro para la Conservación del Mar Patagónico promueven la creación de una reserva natural bentónica de 148.000 km², que protegería el lecho marino, sin incluir la columna de agua. Esta figura permitiría:
- Restringir actividades extractivas destructivas
- Preservar ecosistemas únicos y altamente productivos
- Cumplir compromisos internacionales de conservación

Obstáculos legislativos y voluntad política
Aunque el proyecto fue aprobado en Diputados en 2022, no logró avanzar en el Senado, donde las comisiones de Presupuesto y Hacienda y de Ambiente y Recursos Naturales no dieron quórum.
Las organizaciones están en diálogo con la senadora Edith Terenzi para reimpulsar la iniciativa, aunque reconocen que el actual gobierno prioriza la actividad productiva sobre la conservación ambiental.
“Es una oportunidad para proteger un sector de enorme biodiversidad. El Senado tiene el compromiso de debatir la ley”, sostiene Falabella.
Monitoreo pesquero y datos científicos
Según estimaciones de WCS basadas en datos de Global Fishing Watch, la flota industrial acumula más de 200.000 horas de esfuerzo pesquero anual en el Agujero Azul.
El sistema AIS permite rastrear la posición, velocidad y rumbo de los buques, lo que facilita el cálculo del esfuerzo pesquero y evidencia la intensidad de la actividad en aguas internacionales.
El Tratado Global de los Océanos: una herramienta internacional para proteger Alta Mar
Aunque la columna de agua sobre el Agujero Azul se rige por las libertades de Alta Mar, podría gestionarse mediante el Tratado Global de los Océanos, un acuerdo internacional que permitiría:
- Implementar medidas de manejo
- Establecer áreas marinas protegidas
- Coordinar acciones multilaterales de conservación
WCS: ciencia aplicada a la conservación marina
La Wildlife Conservation Society (WCS) es una organización internacional con 125 años de trayectoria y presencia en 60 países.
En Argentina, trabaja desde hace más de 60 años, financiando proyectos de investigación de 20 científicos del Conicet y promoviendo acciones de manejo ambiental basadas en evidencia científica.
“Para nosotros, los resultados del trabajo del Conicet son muy valiosos”, concluye Falabella.



