Una reciente investigación reveló que el zooplancton del Océano Austral, especialmente los copépodos, realiza una migración vertical estacional que transporta carbono a las profundidades marinas, contribuyendo significativamente a mitigar el calentamiento global.
Este proceso natural, poco conocido pero altamente eficaz, equivale a capturar las emisiones anuales de 55 millones de vehículos diésel, según cálculos basados en datos de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU.
Una bomba biológica que regula el CO₂ atmosférico
Cada primavera, millones de zooplancton se alimentan intensamente de fitoplancton superficial, transformando el carbono capturado por fotosíntesis en grasa corporal. Luego, descienden entre 500 metros y 2 kilómetros de profundidad, donde queman lentamente esa grasa durante el invierno.
Este comportamiento, conocido como bomba de migración vertical estacional, permite que el dióxido de carbono liberado permanezca encerrado en el océano profundo por largos períodos, evitando que vuelva rápidamente a la atmósfera.
Copépodos, krill y salpas: los protagonistas del secuestro marino de carbono
Aunque suelen pasar desapercibidos frente a especies emblemáticas como ballenas o pingüinos, el zooplancton antártico cumple un rol esencial en la regulación del clima planetario.
Los copépodos, parientes diminutos de los crustáceos, lideran este proceso, seguidos por el krill y las salpas.

En estudios microscópicos, se observan depósitos de grasa en sus cuerpos, que funcionan como baterías energéticas durante su hibernación en las profundidades.
El Océano Austral: epicentro del enfriamiento global
Los océanos han capturado cerca del 90 % del calor excedente producido por la quema de combustibles fósiles. De ese total, el Océano Antártico representa aproximadamente el 40 %, y gran parte de esa capacidad se debe al ciclo migratorio del zooplancton.
Este hallazgo obliga a revisar los modelos climáticos y reconocer el valor de estos organismos en la dinámica del carbono global.
Ciencia en condiciones extremas: redes, microscopios y luz roja
Durante una expedición reciente a bordo del buque polar Sir David Attenborough, científicos del British Antarctic Survey y la Universidad de Exeter capturaron zooplancton cerca de las islas Orcadas del Sur y Georgia del Sur.
Para evitar alterar su comportamiento, trabajaron en ambientes oscuros con luz roja y temperaturas de 3 a 4 °C, observando durante horas los detalles microscópicos de su fisiología.
Amenazas crecientes: pesca industrial y cambio climático
El calentamiento de las aguas, la alteración de las capas oceánicas y la pesca comercial de krill representan serios riesgos para la estabilidad del zooplancton antártico. En 2020, se capturaron cerca de 500.000 toneladas de krill, una práctica legal pero cuestionada por organizaciones ambientales y documentales como Océano, de David Attenborough.
Según el Laboratorio Marino de Plymouth, si esta bomba biológica desapareciera, los niveles de CO₂ atmosférico podrían duplicarse, lo que subraya la urgencia de proteger estos ecosistemas invisibles.
Un llamado a incorporar el zooplancton en los modelos climáticos
Reconocer su rol es clave para proyectar escenarios futuros más precisos.
Los investigadores insisten en que los nuevos datos sobre migración y secuestro de carbono deben integrarse en los modelos de predicción climática, para reflejar con mayor precisión el papel de los océanos en la absorción de gases de efecto invernadero.
La investigación fue publicada en la revista científica Limnology and Oceanography.



