En un contexto de crecimiento sostenido del mercado global de algas, que alcanzó los USD 8.850 millones en 2024 y se proyecta a superar los USD 17.000 millones para 2032, Puerto San Julián se convierte en protagonista con el primer proyecto piloto de cultivo de algas gigantes en Argentina.
La iniciativa, liderada por la Fundación Por el Mar, propone una forma de producción sustentable, innovadora y con impacto local.
De la gastronomía a la industria: el kelp como recurso estratégico
Hasta hace poco, las algas eran asociadas principalmente a la cocina. Hoy, su potencial productivo las ubica en el centro de una revolución industrial y ecológica.
El kelp (Macrocystis pyrifera), cultivado en la costa santacruceña, puede crecer hasta 50 cm por día, capturar dióxido de carbono, mejorar la calidad del agua y servir de refugio para especies marinas.
Sus aplicaciones abarcan desde bioestimulantes agrícolas, alimentos, cosméticos y suplementos nutricionales, hasta envases biodegradables, tejidos y materiales para la construcción. La cadena de valor se estructura en tres etapas: producción y cosecha, procesamiento primario y transformación en productos finales.
Siembra regenerativa y cooperación internacional
La Fundación Por el Mar trabaja en alianza con GreenWave, organización estadounidense que promueve la siembra regenerativa y articula una red global de agricultores oceánicos. “Estamos en una etapa clave: el crecimiento de primavera. Sembramos en mayo y ahora comienza el desarrollo en el mar”, explica Mariano Bertinat, coordinador del proyecto.
La ministra Nadia Ricci, en una visita reciente, destacó que este tipo de iniciativas permiten diversificar la matriz productiva, generar empleo genuino y sumar innovación desde el territorio. “No es un esquema prohibitivo, sino productivo. Vamos a utilizar este trabajo científico para potenciar a emprendedores locales”, afirmó.

Santa Cruz y sus bosques submarinos: patrimonio natural y oportunidad económica
En varios puntos de la costa santacruceña se encuentran bosques vírgenes de macroalgas, considerados entre los últimos del planeta.
Su conservación no solo es prioridad para los ambientalistas, sino también para la industria pesquera, que depende de estos ecosistemas para mantener la biodiversidad y la productividad marina.
Una economía azul con identidad local
Además de su valor industrial, el kelp se perfila como una solución sostenible frente a problemas como la seguridad alimentaria, la contaminación plástica y el cambio climático. En muchos países, la producción costera de algas es vital para comunidades rurales, y numerosas iniciativas están lideradas por mujeres, generando impacto social positivo.
“Tenemos una provincia rica en recursos naturales, pero muchos de ellos son finitos. Queremos desarrollar alternativas productivas renovables, que generen trabajo duradero mediante la innovación y el desarrollo de capacidades locales”, sostiene Bertinat.
El futuro crece bajo el mar
El proyecto en Puerto San Julián abre una puerta concreta hacia una economía azul con identidad santacruceña, donde la producción sustentable y la protección ambiental se integran en una misma estrategia.
Apostar por las algas es apostar por un futuro más limpio, justo y resiliente, donde la ciencia, la comunidad, el mercado y el mar crecen juntos.



