Doble amenaza en los Humedales del Ozama: invasiones ilegales y contaminación ponen en riesgo un pulmón verde vital

La organización Ciudad Humana lanza un llamado urgente para proteger a los Humedales del Ozama del área de la ocupación ilegal, mientras la contaminación de los ríos cercanos degrada silenciosamente uno de los ecosistemas más importantes del Gran Santo Domingo.

La organización Ciudad Humana ha emitido un llamado urgente tanto a la ciudadanía como a las autoridades competentes para defender activamente los Humedales del Ozama, un espacio de vital importancia para la sostenibilidad ambiental del Gran Santo Domingo que enfrenta continuos intentos de ocupación ilegal que amenazan su integridad.

Integrantes de la organización Ciudad Humana
Integrantes de la organización Ciudad Humana

Durante una reciente jornada de reforestación, realizada en conjunto con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, miembros de Ciudad Humana constataron de primera mano la lucha constante que libra el ministerio contra grupos que buscan invadir y apropiarse de estos terrenos para fines particulares, poniendo en grave riesgo uno de los principales pulmones verdes del país.

Humedales del Ozama amenazados

“Lo que está ocurriendo en los Humedales del Ozama es una batalla silenciosa por el futuro ambiental de nuestra ciudad. Mientras algunos intentan beneficiarse de manera ilegal, hay servidores públicos y comunitarios que cada día defienden este ecosistema con esfuerzo y compromiso”, expresó Stanly Abreu, miembro de Ciudad Humana, para Noticias Ambientales.

La organización también quiso destacar la precaria situación laboral de muchas de las personas que trabajan en la protección de estos espacios. Sus salarios, que oscilan entre los 9 mil y 15 mil pesos mensuales, fueron calificados como “poco dignos para quienes sostienen el trabajo más noble: cuidar nuestros bosques y fuentes de vida”.

En este contexto, Ciudad Humana reafirmó su compromiso con la defensa del medio ambiente, la educación ecológica y la justicia ambiental, e instó a fortalecer tanto las políticas de protección y vigilancia de las áreas verdes como a dignificar las condiciones laborales de quienes se dedican a su preservación.

Reforestación en los Humedales del Ozama
Reforestación en los Humedales del Ozama

Entre la belleza natural y la amenaza de los Humedales del Ozama

El Parque Nacional Humedales del Ozama, con sus bosques y lagunas, se ha consolidado como un hogar para la naturaleza gracias a los invaluables beneficios que aporta al medioambiente dominicano. Sin embargo, los cuerpos de agua de esta reserva natural se enfrentan a un enemigo persistente: la contaminación proveniente de los desbordamientos y residuos de sus ríos más cercanos.

Ubicada en el municipio de La Victoria, esta área protegida de 47.42 kilómetros cuadrados debe su nombre a uno de sus límites principales, el río Ozama. “El parque nace en la Loma Los Siete Picos y todas sus lagunas se encuentran en la parte media de este importantísimo río”, explica Raúl Rustand, administrador del parque.

Rio del Ozama

A pesar de que estos estanques son fuente de vida, sus aguas se ven amenazadas por la contaminación que fluye desde los ríos aledaños. Desechos como pesticidas de predios agrícolas y derrames de combustibles, entre otros elementos, afectan la calidad del agua, haciéndola no apta para el consumo y mucho menos para el baño. A esto se suma que los caudales son muy profundos, con entre 25 y 30 metros dependiendo de la zona, lo que impide que los visitantes puedan sumergirse.

El director del fideicomiso DO Sostenible, Armando Paíno, señaló recientemente que el Río Ozama se ha convertido en el segundo vertedero más grande del Gran Santo Domingo, asegurando que hay empresas que vierten sus desechos allí, lo que representa un claro riesgo para la biodiversidad del parque.

Esta afirmación es respaldada por una investigación del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) y The Ocean Cleanup, la cual reveló que el Ozama vierte entre un 40% y un 90% de sus residuos plásticos directamente al mar Caribe, transitando en su trayecto por diferentes emplazamientos, incluidas las lagunas de los humedales.

“El río Ozama deposita agua al río Cabón que, a su vez, la transfiere a las lagunas que tenemos en la zona de Manatí y en otros puntos”, alerta Rustand.

Un bastión ecológico bajo protección constante

A pesar de estas amenazas, los Humedales del Ozama se erigen como un recurso esencial para mitigar el calentamiento global.

Para Aleyda Capella, coordinadora de la Campaña Educativa “Manglares” del Grupo Jaragua, esta área “ayuda a la recarga de los acuíferos subterráneos y a controlar las inundaciones”, además de purificar el aire y ser hogar de múltiples especies.

Un informe del Servicio Geológico Nacional confirma que estos ecosistemas garantizan la disponibilidad de agua y estabilizan su calidad.

Para asegurar la conservación del parque, Rustand, junto a Franklin de La Rosa, presidente de la Asociación Dominicana de Guardaparques (Asodogua), y un equipo de 36 personas, realizan un monitoreo constante.

“Los guardaparques patrullan a diario para evitar este tipo de situaciones, para que las aguas de las lagunas que tenemos en el parque no se contaminen”, aclara el responsable. Explica además que “mantener siempre poblada de árboles todas sus orillas” crea un sistema natural de filtración.

La conservación también se apoya en jornadas con estudiantes y fundaciones que colaboran en la reforestación de zonas deterioradas. “Los estudiantes que nos visitan reforestan algunos de los puntos que no están bien poblados de árboles y también restauran aquellos que se han deteriorado”, señala Rustand.

El parque se distingue por su variedad de estanques, con lagunas que alcanzan hasta 1.5 kilómetros de longitud. Tan solo en la parte de Santo Domingo se encuentran cinco de estos depósitos, incluyendo la laguna Manatí, Flamenco, Enea, Catalino y Elpidio, habitadas por una vasta diversidad de peces como bagre, tilapia, caballa y guabinas, que pueden observarse en paseos en bote y actividades de pesca.

Para preservar esta riqueza, la activista de Grupo Jaragua sostiene que “el Ministerio de Medio Ambiente (…) debe dotar al área de la cantidad necesaria de personal entrenado en las labores de control y vigilancia”.

Esto se alinea con la Ley Sectorial de Áreas Protegidas 202-04, que establece la necesidad de proteger la integridad ecológica de estos parques y evitar su explotación. Rustand concluye que esta disposición es clave para conservar la biodiversidad y “evitar que en estas áreas la gente entre a talar o a tomar los terrenos”.

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